Los BRICS avanzan sin depender del dólar: Pix, Renminbi, oro físico y swaps de divisas

En el crisol de las estrategias concebidas por los BRICS+ para defenderse del hegemonismo y neoimperialismo angloamericano, ninguna ha suscitado tanta fascinación, ni ha generado un debate tan intenso, como la posibilidad de erigir una moneda común para uso mayorista, interbancario.

Esta hipótesis llegó a ser bautizada por algunos economistas internacionales con el sugerente nombre de “R5”, en alusión a la letra inicial que comparten las divisas de los cinco países fundadores —el real, el rublo, la rupia, el renminbi y el rand—. La idea estaba cargada de un simbolismo poderoso porque evocaba la imagen de un nuevo patrón monetario que, al igual que el euro en su momento, pudiera desafiar la centralidad del dólar.

Con el tiempo, sin embargo, este entusiasmo inicial se ha ido disipando, dando paso a un realismo pragmático. El examen pormenorizado de otras alternativas, que hemos desgranado en numerosas ocasiones para Frontiere y El Mundo Financiero, ha revelado que, por el momento, la urgencia de una moneda común es, cuando menos, discutible.

Desde un punto de vista estrictamente técnico, la viabilidad de establecer dicha moneda como unidad de cuenta no presenta dificultades insalvables. La arquitectura financiera moderna permite la creación de instrumentos de liquidación y referencia con relativa facilidad.

El problema sustancial, como agudamente señala Lissovolik, reside en el salto cualitativo que supone transitar desde ese punto de partida —la moneda como mero referente contable— hasta su plena funcionalidad como medio de pago para liquidaciones transfronterizas (Lissovolik, Y., “The BRICS R5 Project: Is It Feasible?”, InfoBRICS, 2023).

Este tránsito, que parece un mero paso técnico, es en realidad un abismo político y diplomático que el Sur Global, y más concretamente los BRICS+ deben salvar. Exigiría, en primer lugar, la creación de un banco central común, una institución que no solo gestionara la emisión y la política monetaria, sino que actuara como el garante último de la estabilidad de la nueva divisa. Y, más allá de la institución, requeriría la armonización de políticas monetarias coordinadas entre economías de estructuras radicalmente diferentes, con niveles de desarrollo y ciclos dispares y, a menudo, con intereses geopolíticos divergentes.

La historia del euro y del Eurosistema, con sus tensiones y crisis, ofrece un precedente aleccionador de las dificultades que entraña semejante empresa, incluso en el seno de una organización internacional con un grado de integración mucho mayor, como es la UE.

El coloso norteamericano, agotado

A esta complejidad interna se suma el factor externo, la sombra alargada de la potencia hegemónica y sus diversos y poderosos tentáculos (los mercados de Wall Street, los bonos del Tesoro, la política monetaria de la Reserva Federal y el Petrodólar). Pero el ensoberbecido coloso norteamericano tiene una economía enferma, un motor gripado. 

En efecto, la deuda federal estadounidense superó los 39 billones de dólares en marzo de 2026. Se proyecta un déficit anual de aproximadamente 1,9 billones de dólares para el año fiscal 2026, según la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO). De acuerdo con las proyecciones de la CBO, la deuda pública en manos de los ciudadanos alcanzará el 101% del PIB a finales de 2026. El pago neto de intereses de esa deuda se proyecta en un 3,3% del PIB, lo que significa que el gobierno estadounidense gasta cada vez más dinero en financiar su deuda pasada en lugar de inyectar capital productivo en la economía. La Administración Trump está manteniendo la economía a flote de forma artificial, a costa de un desequilibrio presupuestario masivo.

El motor tradicional de EE. UU. es el consumo, y este se financia considerablemente a base de deuda privada. En este sentido, la deuda total de los hogares estadounidenses alcanzó un nuevo récord histórico de 18,19 billones de dólares según el informe del primer trimestre de 2026 de Equifax. Asimismo, los datos de la Reserva Federal de Nueva York (New York Fed) reflejan que la tasa de morosidad seria (transición a más de 90 días de impago) en tarjetas de crédito subió al 7,10% y en créditos automotrices se situó en 2,97% en comparación con el año anterior.

Un reciente informe de Bespoke Investment Group sostiene que EE.UU. necesita actualmente inyectar 3,7 unidades de nueva deuda por cada 1 unidad de crecimiento del PIB generado, es decir, requiere un bombeo constante e histórico de crédito público y privado únicamente para evitar que el Producto Interior Bruto entre en terreno negativo. Tampoco es de extrañar el dato arrojado por el American Bankruptcy Institute (ABI) que confirma que las quiebras empresariales han alcanzado su máximo de los últimos 16 años durante la primera mitad de 2026.

El agotamiento del coloso norteamericano también se refleja en la persistencia de la inflación subyacente, lo que reduce el margen de maniobra de la Reserva Federal para recortar las tasas de interés con el fin de estimular la economía. Las proyecciones de firmas como J.P. Morgan elevaron las previsiones de la inflación subyacente (PCE) para el cierre de 2026 al 3,4% (frente al 2,9% estimado inicialmente) debido a las tensiones energéticas globales. Estudios de la Universidad de Stanford (SIEPR) han señalado también que el incremento arancelario efectivo —que elevó la tasa aduanera del 2,1% al 11,7% a principios de año— ha comenzado a trasladarse en más de un 50% directamente a los precios del consumidor, asfixiando el poder adquisitivo familiar.

El Sur Global se mueve con prudencia, pero sin miedo

La amenaza de Trump, formulada sin ambages, de castigar imponiendo durísimos aranceles a los países que se atrevan a crear una divisa alternativa que pueda desafiar la hegemonía del dólar, no es solo una bravuconería habitual del magnate devenido en presidente, sino la expresión cruda de una línea roja que los halcones de Washington no están dispuestos a ver traspasada.

La respuesta de Lula da Silva, fue tajante y digna, al declarar que el Sur Global tiene derecho a discutir la creación de una forma de comercio internacional en la que no dependa únicamente del dólar no esté a merced de las veleidades de la Casa Blanca.

En una conferencia de prensa posterior a la cumbre de los BRICS en Río de Janeiro, en julio de año pasado, el mandatario carioca insistió en que la sustitución del dólar por monedas locales ocurrirá gradualmente, hasta convertirse en una realidad. Lula argumentó que es necesario cuestionar la hegemonía del dólar, históricamente construida a través de instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), destacando que, si bien el grupo representa aproximadamente la mitad del PIB mundial, solo posee el 18% de los votos en el FMI. Una inconsistencia que refuerza la necesidad de reformas en las estructuras financieras internacionales.

El sistema Pix (dibujo Gemini)

Pix, la solución brasiñela

Recordemos que Brasil lidera en Iberoamérica un proceso de “desdolarización digital” a través de Pix, un sistema de pago electrónico gratuito lanzado en 2020 que ya utilizan 175 millones de brasileños en casi la mitad de las transacciones financieras del país. Inspirado en experiencias de India y China, Pix ha facilitado la bancarización masiva, reduciendo la informalidad y generando registros rastreables útiles para entidades públicas y privadas.

Lógicamente, el éxito brasileño ha generado tensiones con Estados Unidos, que ve en estos sistemas una amenaza al dominio del dólar y a sus redes de pago (Visa, MasterCardAmerican Express, Paypal, etc.), hasta el punto de que Trump ha amenazado a los BRICS+ con aranceles si promueven monedas alternativas. Pix se perfila de este modo como una apuesta pionera que cuestiona la hegemonía del dólar en la región. Sobre este particular, resulta de interés el artículo publicado en Política Exterior, “Brasil y la desdolarización digital” (13 de octubre de 2025).

El fenómeno de las finanzas digitales en Iberoamérica lo hemos podido examinar con profundidad a nivel académico en este trabajo reciente: Sanz Bayón, “Regulación de los pagos digitales con stablecoins en Iberoamérica: análisis comparado y propuestas para una armonización regional”, publicado en la Revista de Derecho del Mercado de Valores (Número 28, 2026).

La vía de Pekín: la internacionalización del renminbi

China, por su parte, mantiene un prudente silencio. Una ambigüedad calculada que le permite avanzar en su propia estrategia de internacionalización del renminbi sin exponerse frontalmente al contraataque estadounidense.

Desde 2009, China ha desplegado una estrategia meticulosa para favorecer la expansión de su moneda. La firma de acuerdos swap bilaterales para el intercambio de divisas, la creación del CIPS (el SWIFT chino), la inclusión del renminbi en la canasta de Derechos Especiales de Giro del FMI, y un largo etcétera de medidas revelan en su conjunto un avance prudente pero constante en su voluntad por internacionalizarse.

El renminbi, a diferencia de una hipotética moneda común, cuenta con el respaldo de la segunda economía del mundo, con una red de acuerdos bilaterales y con un sistema de pagos propio. Sin embargo, incluso esta vía, aparentemente más pragmática, presenta sus propias contradicciones.

La hegemonía del dólar no es solo cuestión de tamaño económico, sino de confianza, de profundidad de los mercados financieros y, sobre todo, de un entramado de alianzas y dependencias que se ha tejido a lo largo de décadas. El renminbi, por muy internacionalizado que esté, sigue siendo la moneda de un estado con un control de capitales que limita su convertibilidad y, por tanto, su atractivo como reserva de valor global, aunque esté objetivo no lo busca China, que aún quiere seguir siendo una potencia exportadora competitiva y ello requiere una divisa devaluada.

El oro “físico” aumentando en las bóvedas de los bancos centrales

Por último, mencionar la estrategia de acumulación de oro por parte de las economías emergentes y nuevas potencias regionales. El metal precioso ha desplazado a los bonos del Tesoro de Estados Unidos como el activo de reserva predilecto a nivel global. Aproximadamente el 43 % de los bancos centrales planean aumentar sus reservas de oro en los próximos 12 meses. Ninguno planea reducirlas, según recogió la última encuesta anual del Consejo Mundial del Oro (World Gold Council).

China e India lideran una racha de adquisiciones sin precedentes que supera las 1.000 toneladas anuales, transformando el oro en un escudo bancario neutral y de valor tangible que desafía la confianza en el sistema monetario basado en el dólar. El FMI también ha expuesto que la participación del dólar en las reservas internacionales ha descendido a su nivel más bajo en tres décadas. Ha caído del 71 % en 1999 a cerca del 57 % en la actualidad, su nivel más bajo desde 1994 según el FMI (COFER). Los países BRICS no están cambiando al euro ni al yuan.

Este vacío financiero está siendo absorbido, como decíamos, de forma directa por el oro físico. La participación del oro en las reservas oficiales mundiales se ha duplicado con creces durante el mismo período, pasando de menos del 10% en 2015 a alrededor del 19% actual, debido en parte a los precios, pero también a cambios deliberados en las políticas de los bancos centrales.

En la encuesta antes mencionada del Consejo Mundial del Oro, en lo tocante a las reservas de oro de bancos centrales, se recoge que el 73 % de los banqueros centrales preveían que la participación del dólar en las reservas seguiría disminuyendo en los próximos cinco años.

La razón es bien sencilla. Las economías emergentes acumulan oro porque es el único activo de reserva global que carece de riesgo de contraparte, no tiene emisor directo y es inmune a las jurisdicciones políticas o sanciones norteamericanas y europeas. Los activos en dólares mantenidos en el extranjero pueden congelarse. El oro nacional, autocustodiado, no.

Los BRICS ya dominan cerca de la mitad de la producción y de las reservas de oro a nivel mundial, liderado de forma holgada por China, India y Rusia. Al combinar una intensa minería local con adquisiciones masivas en mercados internacionales, el grupo absorbió más del 50% de las compras netas de los bancos centrales globales en el último quinquenio. Las reservas de los países BRICS+ han aumentado del 11,2 % de las tenencias mundiales de oro en 2019 al 17,4 % en la actualidad. 

La estrategia está lejos de consistir en una acumulación pasiva. Se trata de avanzar en la conversión del metal en un estándar de intercambio técnico. El ejemplo más claro es el despliegue del proyecto piloto “Unit”, ideado por investigadores del Instituto Internacional de Investigación de Sistemas Avanzados (IRIAS). Un instrumento de liquidación transfronterizo cuyo valor está anclado en un 40% a oro físico y el 60% restante a una canasta de monedas nacionales de los BRICS. Esto busca erigir un ecosistema de precios y compensaciones comerciales independiente de las estructuras e instituciones del Norte Global, anglo-eurocéntricas.

Hacia la reconfiguración del orden financiero y monetario internacional

En definitiva, la cuestión de la moneda común de los BRICS+ refleja todavía las tensiones de un proyecto de orden financiero y monetario en construcción. Es, por un lado, la aspiración a un mundo multipolar o policéntrico, la voluntad de construir una alternativa al statu quo heredado de Bretton Woods. Por otro, es la constatación de que esa construcción se enfrenta a obstáculos formidables, tanto internos como externos.

Una moneda BRICS es por el momento una quimera y como hemos defendido en otras ocasiones, lo cierto es que existen posibles y mucho mejores alternativas para alcanzar el legítimo logro de un comercio y unas finanzas internacionales más multilaterales, soberanas, participativas y representativas de la realidad global.

El aumento de las compensaciones y liquidaciones transfronterizas sin pasar por la conversión al dólar ni por los circuitos bancarios occidentales es un indicador de esta transición, así como la proliferación de swaps de divisas en el marco de negocios dentro de las economías emergentes, la paulatina expansión de redes de mensajería financiera diferentes a SWIFT o la acumulación de oro físico en reemplazo de deuda estadounidense por parte de los bancos centrales.

Estamos asistiendo a un cambio de orden internacional que tiene su lógico correlato en el plano monetario, financiero y comercial. Vemos emerger potencias que buscan no seguir sometidas a la injerencia y dependencia de un hegemón angloamericano en declive, pero no por ello menos agresivo y ansioso, al constatar la deslegitimación de las bases que sentaron su imperialismo en las últimas décadas.

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