Guinea Ecuatorial, el único país de habla hispana en el África subsahariana, arrastra una historia de profundas paradojas. A pesar de haber registrado una de las rentas per cápita más altas del continente debido al boom del petróleo, la gran mayoría de su población vive bajo el umbral de la pobreza.
Guinea Ecuatorial se independizó de España en 1968 bajo la presidencia de Francisco Macías Nguema, cuyo gobierno derivó rápidamente en uno de los regímenes más duros del continente africano. En 1979, su sobrino Teodoro Obiang lo derrocó en un golpe de Estado, prometiendo una apertura que nunca llegó. Hoy el país se enfrenta a un relevo generacional incierto y a una juventud asfixiada.
Conversamos en profundidad con Juan Manuel Nguema Esono Nsua (oriundo de Oveng Esebekang, Nsork, 1974). Profesor ecuatoguineano de Lengua y Literatura en uno de los colegios de referencia de la ciudad de Bata y miembro activo de la oposición interna, con él nos aproximaremos a la realidad de su país a través de la entrevista que nos ha concedido para Frontiere.
Nuestro entrevistado estudió Magisterio en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de Bata, obteniendo posteriormente el Grado II en Pedagogía con Orientación a Dirección y Gestión de Centros Educativos por la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial (UNGE). Ha participado, además, en numerosos cursos y talleres, dentro y fuera de Guinea Ecuatorial, sobre metodología de la ELE y problemas estructurales del sistema educativo ecuatoguineano.
Como político, Juan Manuel inició su militancia en las juventudes de Convergencia para la Democracia Social (CPDS) en 1995 hasta el año 2000. En 2008 pasó a formar parte de la Comisión Ejecutiva Nacional (CEN). Entre 2002 y 2012 recibió formación política durante los veranos en la escuela socialista “Jaime Vera” del PSOE. Hoy es el Secretario de Comunicación, Nuevas Tecnologías y Redes Sociales de CPDS. Es también formador de la escuela “Avelino Abaha Elo” de CPDS, donde ha impartido talleres sobre temáticas como: “Las dificultades de los procesos democráticos en zonas sin libertades básicas”, “La democracia, el sistema menos imperfecto”, “La lucha no es una condición, sino una obligación” y “La importancia de la resistencia a la dictadura más longeva”.
Pregunta: Muchas gracias, Juan Manuel, por aceptar esta entrevista para Frontiere. Como profesor, te enfrentas en las aulas diariamente a la herencia del trauma histórico de Guinea Ecuatorial y a cómo se narra (o se silencia) el pasado a las nuevas generaciones que no conocieron la colonización ni los primeros años de la república. Cuando revisas la historia y la literatura del país, ¿dónde observas que se torció definitivamente el camino hacia un Estado democrático?
Juan Manuel- Desde que alcanzamos la independencia en 1968, el proceso estuvo plagado de irregularidades. Más que ofrecernos una verdadera independencia, parecía una disputa de poder e intereses entre los gobernantes españoles de la época. Macías, el primer presidente —que no figuraba en las quinielas iniciales—, contó con el respaldo del comité organizador de las elecciones, en la figura de Antonio García- Trevijano. Conocía muy bien lo que anhelaba el guineano del momento: «llevar la vida del hombre blanco», lo que se interpretaba como vivir de balde mientras otros trabajaban por ti. Prometió al pueblo guineano ese mismo estilo de vida, ignorando que nada se logra sin preparación ni trabajo previos.
Desde aquel momento, el juego de Trevijano está presente en todas las confrontaciones. El guineano asumió que la actividad política resuelve los problemas vitales de cada individuo y de sus simpatizantes, mientras que a los opositores se le condena al fracaso. El error de votar a un populista en 1968 lo seguimos arrastrando hoy en día, y las perspectivas de futuro parecen insalvables
P. ¿Cómo se explica a los alumnos de Bata la continuidad estructural y de opresión entre el régimen de Macías y el de Obiang?
Juan Manuel- Es uno de los pecados capitales. Desde 1990, con la llegada del multipartidismo a Guinea Ecuatorial, muchos profesores fueron apartados de sus puestos por alinearse con la oposición o por intentar explicar contenidos de la historia nacional. Se hizo fuerte y constante la figura del confidente: jóvenes que actuaban como espías en las aulas y en los bares, atentos a cualquier tipo de comentario que se hiciera.
A raíz de la huelga estudiantil en Malabo y Bata hacia el año 1993 —momento en que la cooperación española en materia de educación se vio afectada—, el Estado tomó el control absoluto de la enseñanza y, desde entonces, es sumamente arriesgado abordar estos temas. En síntesis: salvo para ensalzar al régimen de Obiang y condenar al de su tío, Macías, la historia de Guinea Ecuatorial está prohibida en las escuelas públicas y privadas del país. Por ello, los niños guineanos, al igual que los adultos, conocen y debaten más sobre la historia y la política española, europea o de los países vecinos que sobre la de Guinea Ecuatorial.
P. En los años 90, el descubrimiento de ingentes reservas de crudo transformó radicalmente la economía macroeconómica del país. Bata, la capital económica, vio crecer infraestructuras vistosas, pero la realidad en los barrios populares sigue marcada por la falta de agua corriente, luz eléctrica estable y desnutrición infantil. Quienes trabajan en el sector educativo, lidian con salarios precarios mientras observan la opulencia de la élite gobernante. Tu vives en Bata, una ciudad que vio pasar de largo el dinero del petróleo. ¿Cómo experimenta un profesor de a pie este contraste de riqueza invisible y miseria palpable, y cómo afecta a tu entorno y compañeros la falta de inversión real en educación?
Juan Manuel- Voy a extenderme bastante en esta cuestión. Aparte de ser de mi campo, es el origen del mal que padecemos desde nuestra accesión a la independencia. Una pregunta infalible, como la misma respuesta. La educación es un sector que no interesa a este régimen. Lo utiliza como medio de control. Obiang lo hace con la justa determinación de que, si estructura este sector para que funcione el Estado y se gestionen recursos humanos de calidad, su régimen tendría los días contados. Vende un eslogan: «más vale un pueblo culto que un pueblo rico», pero este eslogan dista de la realidad que se vive. Al mismo tiempo dice: «Mi partido no es para gente que se jacta de tener cualificación universitaria, es para la masa…» ¿Paradójico?
Los profesores y médicos son los que peor cobran de entre los profesionales a los que se les requiere una cualificación acreditada (lo entiendo, porque Obiang no premia el mérito, sino la lealtad). El profesorado, para sobrevivir, tiene que optar al multiempleo: el 90% tiene doble sesión, otros tienen que dedicarse a otra actividad, ya sea en la administración pública o privada (la población sabe que no tienen recursos), muchos lo abandonan cuando encuentran otra oportunidad, muchos se alistaron al ejército y otros son policías, sector «impune» que permite muchas prácticas.
La falta de inversión ha sido recurrente. En el período legislativo de 2002, siendo diputado el exsecretario general de CPDS Plácido Mico Abogo, este denunciaba en reiteradas ocasiones que a la educación ni siquiera se destinaba el 1 % del presupuesto, queja en la que siguió insistiendo hasta 2012 y sobre la que no hubo respuesta, porque el señor Obiang sabe que transformar la educación es el cambio de su estructura de poder. Los profesores «aguantan», como se dice aquí. Equivale a decir que resisten contracorriente. Son, junto a los profesionales de la salud, los que no han vivido este boom. El despacho de un médico y el de un gestor de una escuela lo dicen todo por sí solos.
Con mucha impotencia, muchos profesores ven cómo se trunca el futuro de sus alumnos e hijos, sabiendo lo que se puede hacer, pero no se atreven a decirlo por miedo a ser señalados. Muy pocos hemos sacrificado nuestras vidas y las de nuestros hijos por tener que defender la verdad, el honor y la justicia. Algunos compañeros creen que no lo hacemos desde la ética del deber y de la responsabilidad, sino que tenemos una fuerza oculta (el misticismo es muy fuerte en el contexto), porque oponerse públicamente al régimen no es una empresa fácil y se paga con una muy mala vida y la muerte.
La falta de inversión es la causa de la mala praxis. Los profesores tienen que recurrir a prácticas rudimentarias en contextos modernos. Resultado: producto de mala calidad y los problemas sociales a resolver se acrecientan.
P. Mientras la justicia europea persigue los “bienes mal adquiridos” del vicepresidente “Teodorín” Obiang —famoso por sus coches de lujo e inmuebles en París y Madrid—, en el interior del país la corrupción se derrama de forma piramidal. Los juicios internacionales por corrupción exponen al régimen fuera, pero ¿cómo se combate esa cultura de la cleptocracia dentro del aula? ¿Cómo se convence a los alumnos de que el camino de los libros y la ética tiene valor en un sistema donde el dinero fácil y el parentesco con el poder lo dominan todo?
Juan Manuel- Es un tema tabú. Los temas que cuestionan la gestión del régimen no se tratan en las instituciones públicas ni privadas. Todos te dicen, cuando descubren que no simpatizas con el régimen: «Aquí no queremos comentarios sobre política. El que gobierna es el que está». En los centros educativos, todos los directivos tienen conexiones con los agentes del régimen. De alguna manera, puedes aprovechar una situación muy puntual para demostrar que la formación es importante, pero la realidad que viven los jóvenes es elocuente: la mayor parte de la gente con fortuna es gente sin formación, y muchos son testigos de la fortuna de sus padres, que son la evidencia del tema. La práctica es mucho más real que la esperanza.
P. La educación en Guinea Ecuatorial, que durante la época de las misiones españolas llegó a ser un referente de alfabetización regional, sufre hoy un abandono institucional crónico. ¿Cuál es la realidad material y pedagógica diaria a la que se enfrentan tus alumnos? ¿Cómo ejerces tu labor docente para despertar la libre expresión y el pensamiento crítico en tus alumnos?
Juan Manuel- En la Guinea Ecuatorial actual, para que un alumno pueda recibir al menos el 70% del plan anual, debe asistir a uno de los centros privados de los misioneros españoles. En Bata está el colegio español de los Salesianos (sigue íntegramente el plan español; la única dificultad está en el coste de la matrícula; a pesar de todo, para una plaza se presentan más de 50 candidatos, increíble). También están los centros La Salle, de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, y Los Escolapios, de San José de Calasanz, para la enseñanza secundaria y el bachillerato. Muchas misioneras atienden preescolar, primaria y secundaria básica.
Sinceramente, los muchachos que se forman en estos centros difieren de otros. La realidad diaria es chirriante: con los recursos de los que dispone el país, choca frontalmente con la realidad de las aulas: falta de material didáctico, pupitres, acceso a la red, departamentos, comités de gestión… nada de nada. El profesor difícilmente puede implementar un aprendizaje por competencias: tiene que hacer resúmenes y dictarlos a los alumnos o entregarles folletos para que ellos hagan las copias (comentarlo parece mentira; vivirlo te quita el alma).
El ejercicio de fomentar un pensamiento crítico es muy difícil: los profesores, durante 47 años, no han estado acostumbrados; los alumnos no lo han vivido. Cuando lo intentas, el comentario llega a la casa de los niños y al director. En una reunión, de manera indirecta, lo comenta el director avisando de que es mejor ceñirnos al trabajo pedagógico. ¿Y no lo es? Guinea Ecuatorial sigue siendo una caverna en plena época de la globalización.
P. A diferencia de la oposición que opera desde el exilio europeo, los miembros de la disidencia real que permanecen dentro de Guinea Ecuatorial caminan sobre el filo de la navaja. El multipartidismo es una fachada y la militancia o simpatía por partidos de oposición real se castiga con el ostracismo laboral, la persecución familiar, detenciones arbitrarias y torturas en cárceles tristemente célebres como la de Black Beach o los centros penitenciarios de Bata. Juan Manuel, formar parte de los círculos de la oposición viviendo dentro del país implica asumir riesgos personales enormes. ¿Cómo se organiza la resistencia democrática en el día a día y cómo se gestiona el miedo a las represalias del régimen en el entorno laboral y familiar de los disidentes?
Juan Manuel- Pertenecer a la oposición en Guinea Ecuatorial es uno de los retos que uno debe probar. El trabajo de organización de la oposición se hizo con vehemencia en la década de los 90. Mucha gente tuvo que exiliarse y, tristemente, otros perdieron la vida. Pertenecer a la oposición que no comulga con el régimen de Obiang es asumir riesgos inhumanos: renuncias a la familia, ella también renuncia a ti (siempre con pesar) y renuncias a dedicarte a lo que has estudiado.
Ahora, en nuestro partido, CPDS, estamos haciendo todo lo posible por mantener la mecha encendida. La práctica del régimen consiste en que, si descubre que tenéis a un seguidor en un lugar, hace todo lo posible por prometerle un trabajo y así os deja. Antes se nos acusaba de ser un partido de jóvenes; ahora se nos achaca ser un partido de viejos; claro, los jóvenes de la década de los 90 han envejecido y no hay regeneración, porque aquí importa qué comer, sobre todo si no sabes lo que defiendes.
El día a día de un opositor en Guinea era o es durísimo. Pasa que, cuando resistes a esa situación durante tanto tiempo, con cárceles y humillaciones (a mí me han detenido dos veces en medio de los alumnos y en hora punta, como si fuera un delincuente)… Pero cuando sabes que no has cometido ningún delito y lo puedes explicar con claridad, acabas convenciendo incluso a los que te detienen, que te dicen: «Sabemos que no haces nada malo, pero cumplimos órdenes». Después de tanta resistencia, te dejan en paz. Es este hecho el que induce a la disidencia en la diáspora a decir que el CPDS ya forma parte del PDGE, lo cual no es verdad. A cada nuevo iniciado, arremeten contra él para que recule. Desde 1995 hasta la fecha (31 años), ¿qué más pueden hacer contra mí para que recule?
El ejercicio del régimen consiste en hacer todo lo posible para que el opositor se vea como el hazmerreír social y no cree modelos. Por esta razón, les molesta que la gente con cierta capacidad mostremos esta apariencia de poder vivir sin ostentación.
P. El régimen de Obiang ha estrechado lazos estratégicos, financieros y militares con Estados Unidos, China y Rusia ante el enfriamiento de las relaciones con la UE. Esta influencia no solo es económica, sino también cultural y de control digital, lo que modifica el entorno en el que los jóvenes ecuatoguineanos consumen información, se comunican y vislumbran su futuro fuera del país. Desde tu posición dentro de la realidad de los jóvenes de Bata, ¿cómo percibes que afecta este giro geopolítico a las aspiraciones de las nuevas generaciones guineanas?
Juan Manuel- Obiang y el pueblo de Guinea Ecuatorial saben muy bien que el verdadero desarrollo para el pueblo de Guinea Ecuatorial no puede ser efectivo si España no está en el seno de su gestación. El sueño de cualquier padre e hijo guineano es que este último obtenga un título en las instituciones académicas de España, preferentemente, y de la Unión Europea. Por cuestiones estratégicas y de acceso fácil al mundo laboral, están Estados Unidos y los países anglófonos.
Los jóvenes de Guinea Ecuatorial son el resultado de lo que ha implementado el sistema. Si muchos acaban el bachillerato sin siquiera saber qué pueden estudiar, dónde lo pueden estudiar y para qué…, es porque desde las instituciones educativas no existe el servicio de orientación educativa. Muchos alumnos desean estudiar ahora Economía, como hace poco lo era Petróleo, pero sin dotes en la especialidad se empecinan y fracasan; falta asesoría en la materia. La influencia de estas culturas ha dado un golpe a nuestra identidad cultural y educativa. Muchos nadan en un océano que difícilmente van a surcar. Todo tiene reparación: cuando el Estado, en la persona de su presidente, se ponga a gobernar y no a limitarse a perpetuarse en el poder
P. Como profesor de lengua y literatura, eres custodio de un patrimonio único, el español de Guinea Ecuatorial, la única nación hispanohablante de África subsahariana. A pesar de los intentos históricos del régimen por diluir este vínculo mediante la cooficialidad del francés para integrarse en bloques regionales, la literatura local en español se ha convertido en el principal canal de denuncia, memoria y preservación de las identidades bantúes (fang, bubi, ndowé, bisio, annobonés) frente a la censura. La palabra escrita es una herramienta poderosa. ¿Cómo utilizas la lengua española y la literatura ecuatoguineana en tus clases como un espacio de libertad y resistencia cultural? ¿Qué autores o textos despiertan hoy en sus alumnos de Bata esa chispa de conciencia crítica que el gobierno intenta apagar?
Juan Manuel- Los profesores de Literatura e Historia tienen dificultades para abordar ciertos temas de Guinea Ecuatorial. La idea es sencilla: no se puede contar la historia estando vivos los mismos protagonistas. Pero hay otra realidad. En Guinea Ecuatorial se estudia ampliamente la literatura española, desde su historia hasta las distintas corrientes literarias. Muy poco se habla de la literatura guineana, por razones obvias: no está bien documentada, su contenido está muy politizado y hay sesgos en el tratamiento de temas de dominio público. Muchos de sus autores célebres, como Donato Ndongo, están exiliados, lo que dificulta que haya objetividad. En cuanto a la historia: los medios oficialistas cuentan una versión y la historiografía recoge otra.
La lectura es una asignatura pendiente. Encargar obras a los alumnos para que las lean es la gran pesadilla. Primero, no las encuentran con facilidad; segundo, no se fomenta este hábito. Pero algo hay, como el libro Nambula, de Maximiliano Nkogo; Adjá-Adjá y otros relatos o Avión de ricos, ladrón de cerdos, de Juan Tomás Ávila Laurel; Los poderes de la tempestad y El metro, de Donato Ndongo… (difícilmente consigo que lean dos al año). Forma la narrativa que suscita interés y muy real a lo que viven.
P. La relación entre Madrid y Malabo se ha movido históricamente entre la culpa poscolonial, el pragmatismo gasístico y la inacción diplomática. Para la oposición interna en Guinea Ecuatorial, la política de “perfil bajo” de los sucesivos gobiernos españoles se traduce a menudo en un sentimiento de abandono, especialmente considerando los lazos culturales, lingüísticos y educativos que aún unen a ambos pueblos. Juan Manuel, desde la perspectiva de la oposición que sufre este régimen sobre el terreno en Bata, ¿qué esperas concretamente de España? ¿Cómo debería reconfigurar Madrid su política exterior y de cooperación educativa para apoyar de forma efectiva a los demócratas guineanos sin caer en la condescendencia del pasado?
Juan Manuel- Desde que en la etapa pre-independencia se decretase Guinea Ecuatorial como «materia reservada», creo que esta reserva continúa. Es muy triste. Tanto los guineanos que nacieron antes de la independencia como los nacidos y formados en Guinea Ecuatorial hasta 1993 (fecha en que España deja la materia de educación en manos de Guinea), todos guardan un sentimiento de amor profundo hacia España en todos los sectores. Por ejemplo: se festejan igual o más las victorias de España en toda Guinea Ecuatorial que en muchas zonas de la propia España. Los guineanos apuestan por los equipos españoles en las competiciones europeas. Sin embargo, a los guineanos de estos períodos, cuando viajan a España, les choca la realidad: Guinea Ecuatorial es totalmente desconocida en los ámbitos culturales y políticos españoles. Esta situación favorece a Obiang.
¿Qué debe hacer Madrid? Lo saben perfectamente. Todas las administraciones optan por lo mismo: no hacer nada que incomode al dictador. «No tenemos gran cosa que perder o ganar». No es cierto, y no debería ser esa la actitud. Echamos de menos las reacciones que todo el arco parlamentario muestra cuando se trata de la situación política de cualquier país latinoamericano. ¿Por qué no vienen a Guinea? En 2009, en Madrid, asistí en persona a las negociaciones para que España volviera a ofrecer becas de estudios a estudiantes guineanos. Era la forma solidaria y equitativa para que las familias humildes cuyos hijos sacaban buenas notas tuvieran oportunidades de salir adelante. Se logró y se enviaron, creo, dos promociones; pero llegó la crisis, se suspendió la ayuda y muchas familias se vieron afectadas. En cambio, vemos a diario por la TVE cómo se ofrecen ayudas a otros países del Sáhara o visitas de altos dirigentes de España… Creo que estas visitas pueden forjar algo. Felipe González estuvo aquí en los días 22-24 de noviembre 1991; lo vivió y algunas cosas se intentaron mejorar en la diplomacia y la educación. Dejarnos así, tirados a nuestra suerte, es apoyar a la dictadura. España sabe muy bien que tiene recursos políticos y estratégicos para ayudar a que Guinea sea libre, y sabe que la formación es fundamental para ello. Aun así, como veo las cosas, no hay muchas esperanzas.
P. Para cerrar, Juan Manuel, me gustaría que nos menciones qué referentes tienes y cuales consideras necesarios que desde España sean conocidos, para así descubrir la Guinea Ecuatorial que anheláis tantos y que buscáis construir.
Juan Manuel- Hace falta memoria, lectura y escuchar a quienes llevan décadas interpretando este país desde dentro y desde el exilio. Vale la pena nombrar y subrayar a Amancio Gabriel Nse, Plácido Micó Abogo y Andrés Esono, desde CPDS; a Germán Pedro Tomo, del FDR, exiliado en España desde hace décadas y testigo incómodo del régimen, y al destacado jurista Ponciano Mbomio, entre otros. Son personalidades que han pagado un precio alto por pensar distinto y por decirlo en voz alta. Ellos demostraron que, por encima de las diferencias étnicas o ideológicas, los ecuatoguineanos somos capaces de articular un proyecto común, pacífico y democrático. Recordar estos nombres es fundamental para el público español, porque demuestra que nuestro pueblo no es apático ni sumiso por naturaleza. Cuando hubo una mínima rendija de oportunidad, nos movilizamos por la libertad.
En España se debe leer a Donato Ndongo-Bidyogo, especialmente su obra Las tinieblas de tu memoria negra (1987). Él no solo es el padre de la literatura moderna ecuatoguineana, sino el cronista que mejor ha sabido plasmar en español el trauma de la transición colonial y la asfixia del régimen. Su literatura es el espejo de la Guinea Ecuatorial que anhelamos, un país que no renuncia a sus raíces bantúes pero que abraza el castellano como un territorio de libertad y encuentro. También su ensayo, Historia y tragedia de Guinea Ecuatorial (1977).
Asimismo, destacaría los antes mencionados Maximiliano Nkogo Esono -quien ha abordado nuestra identidad en obras como Nambula (2006)-, y Juan Tomás Ávila Laurel, quién estuvo exiliado y silenciado, y lo dijo todo en su novela Avión de ricos, ladrón de cerdos (2008). A ellos habría que sumar a Pancracio Okenve Nzô, desde mi perspectiva, uno de los mejores pedagogos de Guinea Ecuatorial. Nadie mejor que él conoce el proceso educativo de Guinea.
En el plano social, mis referentes son anónimos. Los maestros rurales y las órdenes religiosas que sostuvieron la educación en los momentos más oscuros de nuestra historia y que hoy siguen intentando dignificar las aulas. Dejaron esta huella en mí los hermanos de LaSalle. Fui interno en LaSalle y me formé viviendo con ellos en el llamado “Internado LaSalle” (1990-1993).
España debe conocer que el mayor patrimonio que compartimos no es el petróleo, sino esa red invisible de educadores que mantiene viva la dignidad humana frente al abandono institucional del régimen.
Por último, mi referente diario son mis propios alumnos en Bata. Es esa juventud que, a pesar de crecer en un entorno difícil, sigue mostrando una sed insaciable de conocimiento. Ellos son la Guinea Ecuatorial del futuro.
P. Muchas gracias, Juan Manuel, por compartir tu testimonio con nuestros lectores de Frontiere.

Haber conocido a Juan Manuel, escucharle atentamente, es comprender que en Guinea Ecuatorial la batalla más crucial no se libra en los despachos diplomáticos ni en los campos petrolíferos del golfo de Guinea, sino en la humilde pizarra de un aula en Bata. Profesores como él tienen en sus manos el futuro del país, la responsabilidad de la formación de las jóvenes generaciones. En sus palabras no hay el tono calculado del estratega político de despacho, sino la urgencia del profesor que ve pasar ante sus ojos a una generación entera suspendida en la incertidumbre.
Su testimonio desmonta la narrativa de un país sumiso. Al contrario, revela la existencia de una resistencia sutil, cotidiana y profundamente valiente que utiliza la sintaxis y el pensamiento crítico como un escudo contra la barbarie institucionalizada.
Mientras el régimen de Teodoro Obiang se afana en levantar fachadas de hormigón y blindar su dinastía, profesores como Juan Manuel se dedican a la reconstrucción más difícil, la de la dignidad humana. Enseñar a pensar en un sistema diseñado para obedecer es un acto de alta traición, y militar en la disidencia desde el interior del territorio —sin la red de seguridad que otorga el exilio— es caminar diariamente sobre un alambre afilado.
Su labor nos recuerda que la peor pobreza que ha dejado el boom del petróleo no es la material, sino el intento sistemático de vaciar de futuro y de valores éticos la mente de los jóvenes ecuatoguineanos.
Para el público europeo, y de manera muy especial para el español, esta entrevista es, debe ser, una llamada directa al corazón y a la memoria histórica. El español que resuena en las aulas de Bata no es un simple vestigio del pasado colonial, sino un cordón umbilical vivo y una herramienta compartida de comunicación y entendimiento que vincula fraternalmente a los españoles y a los ecuatoguineanos.
España y la Unión Europea no pueden seguir tratando a Guinea Ecuatorial como un incómodo rincón olvidado de la historia o como un mero socio comercial de perfil bajo. Cuando el régimen encare su inevitable ocaso, la comunidad internacional deberá reflexionar de qué lado estuvo, si del de la cleptocracia gobernante o del de los maestros que, como Juan Manuel, arriesgan su propia seguridad para enseñar a sus alumnos a pronunciar alto, sin miedo, por fin y en su propia tierra, la palabra “libertad”.

Doctor en Derecho y profesor universitario (Madrid, España). Además de sus publicaciones profesionales de índole académica, colabora en varios medios de comunicación españoles y ha publicado recientemente varios libros: Momento y encrucijada de España (Ediciones Atlantis, 2020), Dinero, crisis y poder global (SND, 2021) y Polis y justicia (Aula Magna-McGraw Hill, 2023).
