Amancio-Gabriel Nsé Angüe es un perfil excepcional. Arquitecto ecuatoguineano licenciado en Madrid, cofundador y primer secretario general de Convergencia para la Democracia Social (CPDS), ha vivido la clandestinidad (1990) y ha sido candidato presidencial de consenso por la Plataforma de Oposición Conjunta (POC) en las elecciones de 1996. Ha aceptado ser entrevistado para Frontiere.
Además de su trayectoria política, Amancio ha destacado por su faceta como intelectual, ensayista y analista político y social. Ha publicado obras clave que desmenuzan las estructuras sociológicas africanas y la etnia fang frente a los retos democráticos. Perteneció a esa generación de estudiantes ecuatoguineanos que se formaron en las universidades españolas y regresaron a su país a principios de los años 90 para sembrar la semilla de la democracia, fundando la CPDS en la más absoluta clandestinidad.
Un buen amigo en común, Juan Manuel, durante mi reciente estancia en Bata, me brindó la oportunidad de conocer una obra suya: La democracia en Guinea Ecuatorial: dificultades de un proceso (UNED, 2011).
Pregunta – Buenos días, Amancio. Muchas gracias por aceptar la entrevista para Frontiere. Como arquitecto de profesión por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, posee una mirada entrenada no solo para diseñar edificios, sino para observar cómo el régimen modificó el espacio público, levantando palacios y ciudades fantasma en la selva mientras desatendía la infraestructura social de las comunidades. Usted se formó en España y regresó a Guinea en el año 1988. Y participó en la fundación de la oposición clandestina en 1990. Ha narrado esta experiencia en el trabajo: “La oposición guineana entre dos “diálogos nacionales” (1993-2014)”, escrito con Plácido Micó y publicado en la revista Endoxa (Nº 37, 2016 págs. 413-462). Treinta y seis años después ¿cómo observa la evolución de su partido y de su propia lucha?
Amancio – Buenos días y gracias por interesarse por mis puntos de vista sobre la situación de Guinea Ecuatorial. Mi posición de antiguo dirigente de CPDS no es la más cómoda para opinar sobre la evolución del partido. No obstante, diría que la evolución de CPDS ha ido en el mismo sentido que la evolución del país. Al fin y al cabo, CPDS está formado por guineanos, con las virtudes y los vicios de los guineanos en lo que respecta a tener una cultura organizativa y unas convicciones democráticas. Los problemas que tiene Guinea Ecuatorial exigen, muchas veces, nadar a contracorriente. Y con el ambiente que hay, estos defectos de cultura organizativa, las dificultades de saber identificar bienes e intereses comunes por los que luchar y el cortoplacismo con el que se mueve la gente, no siempre es fácil encontrar a personas que quieran remar en el sentido correcto, ni es fácil que la gente mantenga la coherencia con los principios que animaron su participación en la lucha. Y esto se nota en la evolución del partido.
En cuanto a la evolución de mi propia lucha: ha estado guiada por la creencia en la capacidad de las gentes para producir cambios en su entorno de desenvolvimiento. Desde que tengo lo que podría llamar conciencia política, siempre he creído que, en Guinea Ecuatorial, una de las labores que hay que realizar es concienciar a las gentes de que deben tener autonomía para el desenvolvimiento personal; es decir, no depender de nadie, sobre todo no depender de la Administración para resolver los problemas del comer, tener casa, sacar adelante a la familia (si se tiene), etc. Porque si se tiene esta autonomía, también se va a tener autonomía para pensar y para posicionarse en el lado correcto con respecto a las injusticias. Pero aquí la tendencia predominante es entrar en la Administración, como funcionario, pero, sobre todo, a tener un cargo (muy pocos guineanos tienen el coraje de querer desenvolverse al margen de la Administración). Y esta falta de autonomía impide a muchos mantener una actitud coherente antes las injusticias, e incluso lleva a muchos a realizar actos que no son coherentes con los principios que defiende en público. También hay un falso clasismo que hace que la gente que haya adquirido un supuesto determinado nivel en la sociedad rechace realizar determinados trabajos físicos.
Mi lucha se inició precisamente contra estas actitudes. Por eso me fui al pueblo, para realizar los trabajos que hacían las gentes del pueblo (con mis padres y mis hermanos), y que las gentes vieran que se pueden introducir innovaciones en dichas formas de hacer y conseguir una buena calidad de vida y los recursos para sacar a la familia adelante. Mi convicción es que las cosas se pueden cambiar desde abajo, con la gente llana o desde muy arriba. Mientras estaba en la experiencia del pueblo, se presentó la que vi como una oportunidad para poder aportar un grano de arena para un cambio desde arriba. Y participé en el inicio de la construcción del proyecto CPDS.
La experiencia en el pueblo se interrumpió; y la experiencia en CPDS llegó al punto en el que ya no creía que podía aportar mucho más al proyecto. En ambos casos, la experiencia no ha sido todo lo fructífera que podía haber sido. Y esto ha hecho evolucionar mi lucha hacia la reflexión sobre las causas de mis frustraciones y de las derivas de la sociedad en su conjunto. Y lo estoy haciendo con el mismo entusiasmo, porque creo que mis enfoques (en intentar concienciar a las gentes de que pueden tener autonomía, y en participar en el intento de construir un partido político genuinamente democrático) no eran equivocados, sino que la alienación de la mayor parte de las gentes ha evitado conseguir mejores resultados.
Estas reflexiones las plasmo en los libros y en los artículos que he escrito, para explicarme a mí mismo las posibles causas de dichas frustraciones y también para compartir mis opiniones e intentar abrir los necesarios debates que puedan, en un futuro, ayudar a construir una sociedad más vertebrada.
P.- Pensando en su profesión, si tuviera que definir la dictadura de Teodoro Obiang como una estructura arquitectónica. ¿Cuáles diría que son sus cimientos y por qué ha sido tan difícil derribarla desde el plano político?
Amancio – La falta de solvencia y de coherencia de las propias élites guineanas (élites políticas, intelectuales, religiosas, sociales) constituyen el cimiento más sólido del régimen de Obiang. Cuando desde CPDS estábamos pregonando que los propios guineanos tienen que luchar por sus derechos, y empezamos a hacer cosas diferentes a las que hacían los otros partidos con vistas a concienciar a la población, no sólo teníamos enfrente la represión del régimen, sino que desde los otros partidos (tanto los que estaban en Guinea Ecuatorial como los del exilio) enfrentábamos un grado de recelo hacia CPDS que persiste hasta hoy en día. El discurso de los otros dirigentes políticos era otro: cada uno se erigía en el solucionador de los problemas de Guinea, en el salvador.
En los inicios del proceso, recién legalizados los partidos políticos, el discurso de muchos de éstos para atraer a la gente a militar en sus filas era prometer puestos de trabajo, cargos, riquezas, etc. Evidentemente si uno va a salvar a un pueblo no necesita que el pueblo haga nada, y no hace falta concienciarlo. Si tenemos en cuenta de que veníamos de una sociedad procedente del franquismo y del régimen de Macías, sin ninguna experiencia organizativa, el tipo de discurso de estos otros partidos no podía hacer más que adormecer a la población. Además, prometían cosas que sólo podían hacer desde el poder. Pero que los ocupantes del poder las podían ofrecer inmediatamente.
Por su lado, estos partidos que tal hacían, no se dedicaron a construir organizaciones con cierta solidez; y había (y sigue habiendo) mucho recelo entre ellos, sin que nadie reconociera los méritos que pudiera tener el otro. Este adormecimiento del pueblo, al que han contribuido las propias élites de la oposición, y la falta de coherencia de éstas constituyen el cimiento más sólido del régimen de Obiang.
P.- En 1996, la oposición ecuatoguineana logró un hito histórico al unirse bajo la Plataforma de Oposición Conjunta (POC) y postularle como candidato de consenso para disputarle la presidencia a Obiang. Sin embargo, aquel proceso electoral estuvo plagado de irregularidades brutales, arrestos y un fraude masivo que obligó a la retirada en bloque de la disidencia real ante la falta de garantías. Para la gran parte de la opinión pública española, pero también europea, aquello marcó el fin de la ventana de democratización más clara que ha tenido el país. Usted encarnó la esperanza de todo un país unificado en las elecciones presidenciales de 1996. Al mirar atrás, ¿qué lección dejó esa histórica candidatura de consenso?
Amancio – La lección fue precisamente la falta de altura de miras y el afán de protagonismo de cada dirigente, que abortó lo que podía haber sido una acción que hubiera puesto en un buen aprieto al régimen.
Obiang hizo una ley electoral para descartar a los opositores que más temía, sobre todo para que la Plataforma de la Oposición Democrática (POC), que hacía poco le había ganado las elecciones municipales (diciembre de 1995), no presentara candidato; por esto había artículos expresos para cada dirigente a quien quería descartar. Y de los partidos que estaban en la POC, tres tenían bastante peso: el Partido del Progreso de Severo Moto Nsa, el partido Unión Popular de Andrés Moisés Mba Ada y CPDS, cuyo secretario general era Plácido Micó y que era el coordinador de la POC. Y la POC, adoptó la estrategia de pillarle a Obiang en su propia trampa. De ahí salió que se presentara mi candidatura.
Estamos en el año 1996. Hay que decir que Obiang convoca dichas elecciones para hacerlas coincidir con las de España: las elecciones en Guinea fueron el 25 de febrero y las de España, el 3 de marzo, y que la atención de este país hacia Guinea Ecuatorial no fuera muy importante, ya que tendría su propio proceso electoral, y con un gobierno en funciones o en formación. Obiang, como buen jugador, no minimiza nunca las circunstancias que pueden poner su poder en peligro, por mínimas y descabelladas que sean. Adelanta las elecciones de Guinea, que tenían que haberse celebrado en el mes de junio, por si, como decían las encuestas, Aznar ganaba las elecciones antes y podría ‘imponer’ a Severo en junio. Quería asegurarse de que antes de Aznar, estuviera ya con un nuevo mandato asegurado.
Estaba diciendo que había artículos de la ley electoral hechos a la medida para descartar a cada candidato: para descartar a Severo Moto y a Andrés Moisés Mba Ada había un artículo que impedía presentarse a los que no habían residido en el país en los últimos cinco años. A la mayor parte de los dirigentes de CPDS nos suponían menores de 40 años; y el único miembro de CPDS que aparentaba superar esta edad era nuestro presidente, Santiago Obama Ndong; pero como era soltero, se puso un artículo que estipula que el candidato tenía que estar casado (lo ha cambiado ahora al poner a su hijo Teodorín, que es soltero, como su sucesor). Con esto Obiang ya creía tener todo atado para que la POC no pudiera presentar candidato. Pero sólo se fijó en el presidente y en el secretario general de CPDS y no deparó en otros miembros de CPDS que, como yo, tenía cierta relevancia en la organización y cumplía todas las condiciones que descartaban a los otros. Fue precisamente un miembro del Partido del Progreso (que no voy a mencionar) el que fue a decirle a Plácido que me consultaran si aceptaría ser candidato. Pero cuando trascendió que la POC tenía un candidato que cumplía con las condiciones de la ley de Obiang, el régimen debió entrar en pánico: movió ficha y convenció a Severo y a Mba Ada de que iba a violar su propia ley y permitirles presentarse fuera de las siglas de la POC, y descartar la candidatura de la plataforma. Ellos accedieron, sabiendo que no iban a sacar nada en las elecciones. Fue, pues, otra triste lección de la falta de miras de los guineanos.
P.- Si mañana se abriera un proceso de transición real, ¿cree que la oposición actual tiene la capacidad de articular una plataforma unitaria similar, superando la fragmentación y el exilio?
Amancio – Empezaré por comentar la hipótesis de una ‘transición real’. Para que se dé una transición real, debe haber una demanda de la sociedad y las personas que dirigen las instituciones (tanto las instituciones del régimen como las que están fuera del régimen) deben tener la convicción de que debe haber un cambio, y tener una idea clara de la situación de partida y de la situación a la que se quiere llegar.
Cuando se realizó la transición en España, había una sociedad cuyos miembros querían vivir las libertades que se vivían en otros países de Europa y presionaban para ello (organizándose, protestando, haciendo huelgas, aunque fueran prohibidas, etc.). Estos deseos alcanzaban a un sector muy importante del régimen de Franco, personas que estuvieron convencidas de que había que hacer algo más que un maquillaje del régimen franquista.
Si estos presupuestos los trasladamos a la situación de Guinea Ecuatorial la respuesta es que soy bastante escéptico, y tengo mis dudas de que la oposición actual pueda dar una respuesta positiva. No creo que desde los diferentes grupos de la oposición se fuera a reaccionar de forma diferente a como lo han hecho en las otras ocasiones en las que se ha vislumbrado una leve oportunidad de cambio.
Antes de lo de las elecciones presidenciales que acabo de comentar en la pregunta anterior, esta actitud de un personalismo un tanto pueril y perjudicial para el proceso salió a relucir muy al principio del proceso, cuando CPDS estaba aún en la ‘clandestinidad’ y Felipe González, recién regresado de un viaje a Guinea Ecuatorial, recibió a una delegación de la oposición guineana en la Moncloa. Se planteó la necesidad de que mediara para la transición en Guinea, en el sentido de que Obiang negociara con la oposición las leyes que iban a regir la transición. En la reunión, Felipe González propuso a los dirigentes de la oposición formar una comisión de pocos miembros, al estilo de la Plantajunta que en el año 1976 formó la oposición española para negociar con el gobierno de Suárez.
En aquella reunión se proponía, desde el entorno de Felipe González, la formación de una comisión de pocos miembros. Ningún partido de la oposición confió en que otro pudiera representarle. Querían estar todos, y no fue posible formar una comisión sin la presencia de todos los partidos que había; además, los del exilio querían excluir a los que estábamos en el interior del país, pero en la Moncloa estaban empeñados en que tenían que estar los del interior en la comisión. Y cuando la oposición estaba enredada en estas peleas personalistas y sin presentar una comisión a Felipe González, Obiang hizo sus leyes de su transición como él quiso y la oposición dejó a Felipe González en la estacada.
En estas dos ocasiones, el régimen tenía más debilidades que ahora. Y la población, aunque no organizada, tenía más ilusiones y esperanzas de cambio y estaba dispuesta a apoyar a la oposición. Y si se perdieron estas oportunidades por la actitud de los dirigentes de las oposiciones, tengo dudas, como he dicho, de que, si se presentara otra ocasión, irían a reaccionar de forma más positiva. Ahora con el régimen nadando en la abundancia del petróleo, y la oposición mermada y relativamente desnortada, veo difícil, como digo, que puedan articular nada.
P – En sus investigaciones y ensayos antropológicos (“La familia Fang. Ventajas e inconvenientes para el desarrollo y la construcción de una sociedad democrática”, Perspectivas antropológicas sobre Guinea Ecuatorial, 2013, págs. 217-242), ha abordado de frente una de las realidades más complejas del país. La etnia fang es la mayoritaria en Guinea Ecuatorial y la base sobre la que se asienta el clan de Mongomo, la élite familiar que gobierna con mano de hierro. En Occidente se suele analizar el autoritarismo africano con categorías puramente europeas, ignorando el peso real de las estructuras de parentesco, los clanes y las lealtades étnicas tradicionales. ¿De qué manera el régimen de Obiang ha instrumentalizado o distorsionado las instituciones tradicionales y de solidaridad de los clanes para perpetuar un régimen familiar?
Amancio – El tema, como bien lo señala, es complejo. Hay que tener en cuenta que las instituciones tradicionales operaban en ámbitos muy reducidos, los comunitarios. Cuando se pasa del ámbito comunitario a la sociedad formada con la colonización y que incluye varias comunidades, las relaciones de poder hacen que salgan a relucir las debilidades de las instituciones tradicionales. Esta debilidad se manifiesta en la distorsión de los valores como la solidaridad.
Estas distorsiones las aprovecha y las alimenta el régimen. Pongamos el caso de una persona que se desenvuelve en un determinado ámbito (familia, distrito); que desataca porque tiene estudios, ha empezado a hacer sus negocios, ha sido funcionario, etc. Por el sentido de desvalimiento que hemos dicho, muchos, en estas condiciones, se arriman al régimen, ya sea para ‘ascender’ o para ‘proteger’ su situación. Y si no es el caso, la persona recibe toda suerte de presiones de estas ‘instituciones tradicionales’ (familia). Y si uno se resiste, la familia le hace el vacío. Y si se declara opositor, desde el régimen se hace correr el mensaje de que si no se realizan determinados proyectos (que el estado debe realizar) en su comunidad o distrito (ya sea hacer una determinada infraestructura, una escuela, un puesto de salud, dar trabajo a los jóvenes) es por su culpa, porque hay un opositor en dicha comunidad o distrito.
Pero en el caso de que la persona acceda a bailar a su son, por un lado, utiliza su posición en la institución tradicional para que no haya ninguna oveja negra en su comunidad; pero por el otro lado el régimen echa a todos los miembros de su comunidad (familia, distrito) sobre él: el régimen les dice, ya que tiene recursos gracias al régimen, debe ayudar a los miembros de su comunidad a resolver sus problemas: le piden trabajo, le piden dinero, etc. Así, ante cualquier cosa que les vaya mal, en lugar de mirar a los poderes públicos como tales y a su máximo responsable, le culpan a él. Paralelamente otros miembros de su comunidad también entran en disputa de los puestos que se puedan asignar a los miembros de la misma, incluido el que aquél pueda estar ocupando. Y mientras hay estas disputas y disensiones en las familias y en las comunidades, Obiang se mantiene indemne y nadie le atribuye la responsabilidad de los problemas que pueda haber en la comunidad. Y así, se perpetúa en el poder.
P.- ¿Cómo se construye un ciudadano con conciencia democrática nacional dentro de un sistema que fomenta las lealtades primordiales del parentesco?
Amancio – No es fácil. Hay que tener en cuenta que ser demócrata es un comportamiento humano y, por tanto, se aprende. Para construirse una conciencia democrática hay que tener la mente abierta, muchas ganas de aprender, empatía; superar determinadas actitudes en las relaciones entre los miembros de la comunidad y de la sociedad y tener una idea clara de que los miembros de una comunidad deben tener iguales capacidades y oportunidades para desenvolverse con dignidad.
Como digo, todo esto se aprende. Y si una persona no se ha desenvuelto en un ámbito democrático, debe hacer un mayor esfuerzo de aprendizaje y de sensibilidad. También hay que tener principios y convicciones firmes; y el coraje para comportarse siempre según dichos principios y valores, porque va a encontrar dificultades e incomprensión en una gran mayoría de las personas con las que interactúa e incluso en los grupos en los que se desenvuelve y de cuyos miembros creía participar de laS mismas convicciones. Y precisamente por eso hay pocos demócratas en Guinea Ecuatorial y los proyectos como el de CPDS han tenido dificultades para ser comprendidos.
Hay que tener en cuenta que la grandísima mayoría de los guineanos con alguna relevancia pública o política (por no decir casi todos) han vivido la mayor parte de su vida en regímenes y sociedades no democráticos (franquismo, época de Macías, actual régimen). Y que en dichos regímenes se arrastran unas taras de educación que no ayudan a que una persona pueda abrirse a aprender comportamientos democráticos.
Las conquistas democráticas se han ido obteniendo cuando las personas más desfavorecidas de las sociedades tuvieron la conciencia de su condición, y de la necesidad de luchar por sus derechos; y también porque algunos miembros de las élites dominantes se han puesto del lado de los desfavorecidos. Y como no se da ninguna de estas condiciones en Guinea Ecuatorial, resulta muy difícil hacerse una conciencia democrática.
Pero, en mi caso personal y en mi actuación en la sociedad, estoy satisfecho de haber tenido una actitud coherente con los principios democráticos. Y cuando estaba en la dirección de CPDS, me empeñé mucho en que se funcionara de manera democrática, que se formara a la gente en este sentido; pues, como dijo Fredrich Ebert (socialdemócrata alemán), no se puede hacer la democracia sin demócratas. Y el exiguo resultado de nuestra lucha se debe precisamente a la falta de demócratas entre la élite opositora guineana. Recomiendo la lectura de un artículo de fronterad.com (https://www.fronterad.com/ser-opositor-a-Obiang-no-es-luchar-por-la-democracia-en-guinea-ecuatorial/).
P.- En sus obras como Los hijos extramatrimoniales: la pervivencia de los clanes fang o De las comunidades anómicas, ácratas y acéfalas al Estado poscolonial, escritas junto a Plácido Micó, ha explorado el trauma de la transición social. Se describe el paso de sociedades tradicionales organizadas de forma horizontal a un modelo de Estado moderno impuesto, hipercentralizado y represivo, donde los valores tradicionales de hospitalidad se han pervertido. Se refieren a una “distorsión de los valores de la solidaridad” en la sociedad guineana actual. ¿Cómo ha alterado el boom del dinero del petróleo y el hiperconsumo de las élites el tejido moral y comunitario tradicional del país?
Amancio – La explotación de petróleo ha sacado a relucir las distorsiones de los principios y valores que empezaron a producirse en el encontronazo colonial, durante el que también se inició la desestructuración de las instituciones comunitarias. En mi libro sobre la educación, que se va a publicar en unas semanas, hablando de principios y valores hago el siguiente análisis sobre lo que ha podido llevar a su perversión. Si tenemos en cuenta que los comportamientos basados en principios y valores sirven para que haya armonía y cohesión en una comunidad y que sus miembros tengan intereses comunes y se beneficien, en igualdad de condiciones, de los bienes comunes de la comunidad, podemos observar que en el encontronazo colonial, los intereses de los colonizadores y los de los colonizados eran diametralmente opuestos, y no se beneficiaban de igual manera de los bienes comunes: los colonizadores pretendían someter y explotar a los colonizados; y éstos trataron de defenderse y protegerse de esta explotación y sometimiento. Resultando que la lectura que los colonizados pudieron hacer de una acción considerada como un valor por los colonizadores, sería diferente, si lo que se percibía era que sólo beneficiaba a los colonizadores. Lo que lleva a la idea de que se puede trasgredir un valor y un principio para la protección, defensa o beneficio del grupo al que uno pertenece.
Este choque entre los objetivos de unos y otros hace que los comportamientos basados en valores se tengan y sean interpretados según las situaciones, los intereses y los beneficiarios; es decir que sean relativizados en función del grupo al que uno pertenece y la ventaja o el beneficio que cree que el comportamiento basado en valores y principios le reporta. Pongamos como ejemplo el valor de la laboriosidad. El colonizado veía que su esfuerzo de trabajo (los trabajos que introdujeron los colonizadores) beneficiaba sólo (o principalmente) al colonizador. De lo que resulta que en la realización de las tareas a las que se le obligaba, empezara a actuar con desidia y trampas. Pero, con el avance de la interacción entre un grupo y otro, se produce otro movimiento, el del acercamiento de unos nativos al estatus de blanco (acercamiento individual); a partir de este momento, el interés grupal se va convirtiendo en interés personal. Y los comportamientos, en base a unos principios y valores, ya sólo obedecen al beneficio o interés personal. Quizás sean éstas, las tendencias que se quedarían asentadas en el fondo de las mentalidades de las gentes (los colonizados), de suerte que los valores y principios quedaron pervertidos e incluso se convirtieran en contravalores.
Por otro lado, como también he señalado en mis reflexiones, los nativos se sienten deslumbrados por los bienes de los blancos, de los que quieren también disfrutar. Y se han hecho un imaginario de que dichos bienes se generan por arte de magia y se consiguen con dinero. Y este imaginario estaría en el origen de la tendencia a la obtención del ‘dinero fácil’.
También se produjo otro fenómeno. Los nativos que se iniciaron en el manejo de las herramientas de poder de los colonizadores (escritura, lectura, conocimiento del idioma, ejercicio de alguna función en la estructura administrativa o comercial de los colonizadores, tener dinero), empezaron transgredir los mecanismos que moldeaban los hábitos de los miembros de la misma (ritos, costumbres, prohibiciones) y a no respetar (o llanamente despreciar) la autoridad de las personas que guiaban la comunidad.
El boom de la explotación, con tanto dinero fácil en manos de personas con poder, pero sin moral y que no tienen el más mínimo sentido de respeto, no ha hecho más que acelerar exponencialmente el deterioro moral y la desestructuración de las comunidades. Lo que por su lado implica las dificultades, cuando no imposibilidad, para conformar una sociedad vertebrada.
P.- ¿Qué peso tiene este choque sociológico en la desmovilización o el miedo de la sociedad civil frente al régimen?
Amancio – Aquí no se puede hablar de sociedad civil como se entiende en otras partes. Efectivamente hay unas organizaciones que se dicen de la sociedad civil (ONGs). Las ONGs de las que salen noticias en los medios de comunicación son las que sirven al régimen. Obtienen dinero del régimen o de otras fuentes, hacen algunas actividades de donación de algo, alimentos y cosas por el estilo, al modo como le gusta al régimen. He dicho antes que el régimen fomenta que las gentes hagan todo tipo de peticiones a los notables de su comunidad, así que le viene bien un tipo de organizaciones ‘no gubernamentales’ que puedan conseguir algunos recursos, de los que los dirigentes se reparten la parte principal y otra pequeña parte la dedican para hacer donaciones de algo, a algunos de los llamados ‘desfavorecidos’.
Apenas hay, pues, ONGs independientes. Las pocas que se han querido formar y que han querido funcionar con cierta autonomía, denunciando los atropellos a los Derechos Humanos o realizando actividades de concienciación de las gentes, han sido ferozmente perseguidas. Alfredo Okenve, que dirigía la ONG Centro de Estudios e Iniciativas para el Desarrollo, CEID, tuvo que exiliarse en España después de recibir una brutal paliza de manos de agentes del régimen en el año 2017. Y actualmente otro activista, Joaquín Eló Ayeto (llamado El Paysa), dirigente de Somos + (Somos Más), lleva más de dos años en la cárcel, sin que esté claro de qué se le acusa.
Estas ONGs que han querido funcionar sin dependencias del régimen, tampoco habían podido tener la capacidad para movilizar a las gentes. Como he dicho, a mi parecer, los guineanos no han tenido una conciencia clara de intereses y bienes comunes por los que movilizarse ni de que son titulares de derechos por los que luchar.
P.- Ha sido una voz crítica sobre cómo España gestiona su posición histórica en Guinea Ecuatorial, reflejado en sus reflexiones sobre lo que denomina una “soberana frustración” (artículo de Amancio en El Bierzo Digital, 31 de agosto de 2018). A menudo, la política exterior española se debate entre un sentimiento de culpa poscolonial, el pragmatismo comercial energético y las presiones diplomáticas, lo que se traduce para la disidencia guineana en una inacción que oxigena a la dictadura. ¿Por qué cree que la diplomacia española sufre de esa parálisis histórica con Malabo?
Amancio – Creo que el problema de España en sus relaciones con Guinea Ecuatorial es que desde España no se dan cuenta de que los patrones con los que se interpretan los fenómenos y comportamientos en otras partes del mundo no sirven para Guinea. Así, ante cualquier tema, proyecto o problema, desde España se suele ser flexibles y dar determinados márgenes al régimen de Guinea Ecuatorial, con la idea de que, haciéndolo así, el resultado será satisfactorio. Pero el régimen suele aprovechar dichos márgenes de flexibilidad, no para solucionar el problema ni para abordar adecuadamente el tema, sino para consolidar su postura para beneficio del propio régimen y de los detentadores del poder. Es lo que descoloca a la diplomacia española y da esa sensación de parálisis.
P.- ¿Es complejo de culpa poscolonial o son puros intereses económicos lo que impide a Madrid liderar una postura europea firme en favor de la democratización?
Amancio – Quizás ambas cosas. Al hilo de lo que acabo de decir, suele ocurrir que si España y Guinea acuerdan realizar un proyecto del que España pone los recursos, a los guineanos no les suele gustar que desde España se haga un seguimiento de la implementación del proyecto para saber si los recursos aportados se destinan efectivamente al mismo. Este deseo de supervisión de los españoles, suele crear tensiones en las relaciones, al esgrimir los guineanos de que España quiere recolonizar Guinea. Y quizás para no complicar las cosas, desde España se sueñe tender a suavizar la postura y no ser lo suficientemente firmes que sería deseable.
También es cierto que, en algún momento, el sector empresarial español que quiere hacer negocios en Guinea Ecuatorial ‘pudiera presionar’ a las autoridades para que éstas hicieran la vista gorda de los temas de derechos humanos y de buena gobernanza.
Pero la debilidad fundamental es la falta de solvencia de los propios guineanos que dicen que luchan para que haya un cambio de régimen en Guinea Ecuatorial. Yo siempre he creído que un país como España (o cualquier otro país, por más potente que sea) tiene sus limitaciones para influir en un cambio de régimen de otro país, salvo que sea imponiéndolo por la fuerza. Descartando esta posición, cualquier otra acción tendría que pivotar sobre los propios guineanos. En este sentido, aun cuando España lidere una postura europea firme, esta podría ser ineficaz al no poder apoyarse en una organización sólida de guineanos.
P.- El relevo generacional en el régimen de Guinea Ecuatorial es inminente debido a la avanzada edad del presidente Teodoro Obiang. Su hijo, el vicepresidente “Teodorín”, se perfila como el sucesor dinástico en medio de fuertes tensiones internas dentro del propio régimen y un rechazo generalizado de la comunidad internacional por sus escándalos de corrupción en Europa. Ante el escenario inevitable de una sucesión o transición pos-Obiang, ¿cuál debería ser el papel activo de España y de la Unión Europea?
Amancio – Creo que sería el papel que los propios guineanos posibiliten que jueguen España y la Unión Europea. El papel activo que podrían jugar España y la Unión Europea, creo que debería estar diseñado desde ya. Pues, por ley natural, cada día que pasa es uno menos para la eventualidad del momento de una sucesión post-Obiang. Y esta preparación pasa por que haya un grupo o grupos de guineanos organizados con los que se pueda jugar dicho papel. Y por eso siempre les decía a mis compañeros, cuando estaba en la dirección del partido, que habría que dedicar quizás más energías para el post-Obiang, que para acelerar el momento. Porque si llega el momento y la gente no está preparada, que es lo que creo que puede pasar ahora, se va a perder otra oportunidad. Como no estoy en los lugares en los que pueda conocer informaciones reservadas, no puedo saber si ya hay gentes preparadas para la eventualidad.
Pero ni las manifestaciones públicas que hacen muchos dirigentes que dicen que luchan por un cambio, ni las actividades que realizan, me hacen pensar que las gentes estén preparadas. Y ante esta deficiencia, no es fácil adivinar el papel que puedan jugar. Si fueran a poder jugar alguno, sería detectar, desde ya, a grupos con alguna solvencia y ayudarlos a consolidar sus organizaciones.
P.- Si el régimen intenta consolidar una monarquía hereditaria con su hijo “Teodorín”, ¿qué medidas concretas, tanto diplomáticas como de presión judicial internacional, deberían adoptar los gobiernos europeos para forzar una apertura democrática real?
Amancio – Como están las cosas a nivel internacional, no veo las medidas concretas que podrían ser eficaces para forzar una apertura democrática real. El actual contexto internacional da la posibilidad de que los regímenes puedan acudir a potencias no occidentales para sortear las condiciones que, sobre la buena gobernanza, les puedan poner las potencias occidentales. Sí es posible que los países occidentales tengan herramientas de presión, que quizás no sean visibles.
En las respuestas que he dado a las preguntas sobre lo que puede hacer España y la Unión Europea para ayudar a que haya un avance en el proceso político de Guinea Ecuatorial, me he referido a las deficiencias de organización de los propios guineanos. Estas deficiencias hacen que la ayuda que se pueda querer brindar no sea eficiente.
Quiero abundar en ello y añadir algunas cuantas ideas. Hay una especie de mantra que se repite después de los encuentros al más alto nivel entre los dirigentes guineanos (y africanos en general) y los españoles (europeos-occidentales): cuando se pregunta si se ha tratado el tema de que se instauren sistemas más participativos en Guinea Ecuatorial (o cualquier otro país africano), la respuesta del español (del dirigente europeo) suele ser “No soy quién para dar lecciones de democracia a…”. Ante las autoridades de Guinea Ecuatorial (o de cualquier otro país africano), esta postura puede ser el comodín para evitar ser tildado de neocolonialista.
Yo sí creo que se puede dar lecciones de democracia. La democracia es un sistema político que precisa de un tipo de comportamiento público y de la implementación y funcionamiento de un tipo instituciones. Y puesto que tanto el comportamiento como la implementación de instituciones y su funcionamiento se pueden adquirir, también se pueden enseñar y aprender. Se adaptaría a las situaciones y sociedad de cada sitio, pero hay un denominador común que debe permanecer invariable para que a un régimen se le pueda llamar democrático (de hecho, ni siquiera hay homogeneidad en los países democráticos de la Unión Europea en sus sistemas institucionales).
Lo que echo en falta es que desde las instituciones españolas (europeas), dejando de lado a las autoridades que están en el poder y que rechazan la adopción de sistemas más participativos, no se apueste por formar adecuadamente a las élites de los partidos africanos a construir organizaciones más sólidas y a tener comportamientos más democráticos.
Varios partidos políticos guineanos (africanos) tienen homólogos en España (Europa). Pocos de éstos incluyen programas de formación dedicados a los dirigentes de sus homólogos africanos. Pero incluso los que los tienen los organizan e imparten con los patrones de los que ofrecen a los originarios de países con una tradición institucional más antigua que la guineana. En cualquier caso, creo que no insisten en una asesoría sobre la necesidad de que dichos dirigentes africanos tengan comportamientos más democráticos, mejores relaciones con los otros grupos, sepan valorar el interés común, etc., y que construyan organizaciones más sólidas.
Creo que esta falta de organizaciones políticas sólidas, formadas por personas de firmes convicciones democráticas es lo que dificulta tanto el avance del proceso político en Guinea Ecuatorial, y es también lo que hace ineficiente cualquier apoyo que desde España se pueda querer ofrecer a los guineoecuatorianos para los objetivos de la democratización del país.
Estas son mis opiniones sobre las diferentes cuestiones que me ha planteado. Y repito, gracias por el interés.
P.- Muchas gracias, Amancio, por compartir sus reflexiones con los lectores de Frontiere.
Escuchar a Amancio-Gabriel Nsé Angüe es asistir a una lección magistral donde la precisión del arquitecto se funde con la agudeza del antropólogo y la cicatriz del político en el exilio. Sus respuestas desmontan los clichés occidentales que reducen los dramas africanos a meras estadísticas de corrupción o dictaduras tropicales. En su lugar, nos devuelve el reflejo de una sociedad compleja, atrapada entre el peso de sus estructuras tradicionales fragmentadas y la apisonadora de una cleptocracia petrolera.
Mientras Malabo exhibe sus edificios y autopistas impecables financiadas por el crudo, la verdadera infraestructura de Guinea Ecuatorial —su educación, su sanidad— sigue en ruinas. El diagnóstico de Amancio es duro, pero no claudica ante el fatalismo. La transición que vislumbra no pasa únicamente por un relevo de nombres en el palacio presidencial, sino por una reconstrucción antropológica, social, cultural y moral: la metamorfosis del súbdito atemorizado en un ciudadano con conciencia nacional y democrática.
Para España y Europa, la conversación con este líder opositor africano deja una interpelación incómoda pero ineludible. El viejo continente ya no puede escudarse en la parálisis de la culpa poscolonial ni en el cinismo de los intereses energéticos. El futuro del único país hispanohablante de África subsahariana está en juego ante una sucesión dinástica próxima. Como en los planos de la carrera de arquitectura que Amancio Nsé Angüe estudió en Madrid, el mañana democrático de Guinea Ecuatorial no surgirá de la nada. Necesita cimientos sólidos, memoria histórica y, sobre todo, una comunidad internacional que decida, por fin, dejar de mirar hacia otro lado.

Doctor en Derecho y profesor universitario (Madrid, España). Además de sus publicaciones profesionales de índole académica, colabora en varios medios de comunicación españoles y ha publicado recientemente varios libros: Momento y encrucijada de España (Ediciones Atlantis, 2020), Dinero, crisis y poder global (SND, 2021) y Polis y justicia (Aula Magna-McGraw Hill, 2023).
