Conversación con el Prof. Beethoven Herrera, Vicepresidente de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas

Pocas figuras en el panorama intelectual hispanoamericano encarnan con tanta elegancia la síntesis entre el compromiso y pasión por la docencia universitaria y una mirada profunda a la Economía como el profesor Beethoven Herrera Valencia.

Prof. Beethoven Herrera

Nacido en las tierras fértiles y cafeteras del Líbano (Tolima, Colombia, 1948), su itinerario vital es una refutación constante de la hiperespecialización dogmática, tan común en estos días. Filósofo e historiador por la Universidad Javeriana, economista por la Universidad Nacional de Colombia, doctor por el prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences Po) y con estudios postdoctorales en la Universidad de Columbia, nuestro veterano entrevistado ha construido una mirada singular que comprende que los flujos financieros y las balanzas comerciales no son abstracciones frías, sino la materialización de dramas humanos y sociales, correlaciones de poder y decisiones éticas.

Actualmente es Vicepresidente de la Academia Colombiana de Ciencias Económicas, de la cual es Académico de Número y fue también su Presidente. Hoy es Profesor Emérito pero en plena actividad docente en la Universidad Nacional, la Universidad Javeriana, la Universidad Sergio Arboleda y la Universidad Magdalena. También se desempeña como representante de la Comisión de Tratamiento de Conflictos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Beethoven ha sido maestro de generaciones de economistas colombianos y del largo y ancho del continente, habiendo sido designado con el título de mejor profesor universitario en 2009 por el Diario Portafolio, periódico económico, en el que es columnista habitual.

En su dilatada obra -que abarca desde las transformaciones de la geografía urbana y la integración regional hasta los desafíos regulatorios de la banca digital y las tecnologías complejas como blockchain- resuena siempre la misma pregunta clásica, la de cómo construir sociedades prósperas que no sacrifiquen la igualdad ni la dignidad en la hornacina del crecimiento.

Conversamos de manera pausada y profunda con el maestro Beethoven Herrera. Haremos con él una travesía vital que conectará su amplio y rico bagaje personal, su experiencia docente y su pensamiento económico. Nos compartirá criterios valiosos para interpretar mejor lo que está sucediendo en la economía mundial, la fragmentación del comercio internacional y la búsqueda de un nuevo rumbo para Sudamérica.

Pablo.- Querido profesor Beethoven, gracias por aceptar la entrevista para Frontiere. Tu trayectoria intelectual se inició en la Filosofía y la Historia antes de adentrarte en los modelos cuantitativos de la ciencia económica. Desde hace algún tiempo estamos inmersos en un cierto reduccionismo matemático o utilitarismo tecnocrático cuando hablamos de economía. ¿En qué medida la mirada filosófica e histórica es imprescindible, a tu juicio, para evitar que el economista olvide que detrás de cada ecuación hay decisiones éticas y vidas humanas?

Beethoven.- Con especial agrado respondo a las preguntas que me formulas, querido colega Pablo Sanz Bayón, de España. Sea lo primero, agradecer la invitación para hacer este recuento de mi experiencia académica y personal, confiando que sea de algún interés y utilidad. Y al mismo tiempo agradecer altamente la solidaridad y el apoyo del acompañamiento académico que el profesor Pablo Sanz nos ha brindado siempre a las universidades colombianas, las cuales ha visitado en persona y con las que participa periódicamente en eventos académicos.

A la primera pregunta sobre la Filosofía, la Historia y la Economía, quisiera comenzar diciendo que mi padre era un hombre autodidacta que nunca fue a la escuela. Gran conocedor de la historia, dio a sus hijos los nombres de Galileo, Darwin, Lincoln, Sócrates, Homero, Asdrúbal, Benhur y Beethoven. Lo cual muestra un gran aprecio por la historia, pero sobre todo por la historia de los que hicieron ciencia y la defendieron, con un gran sentido de defensa de la justicia.

Por ejemplo, asignó a mi hermano el nombre de Lincoln, el mismo del presidente de Estados Unidos que concedió la libertad de los esclavos, y asignó a otros hermanos los nombres de Galileo y Darwin, que enfrentaron problemas con la iglesia de su época por las ideas acerca de la astronomía o de la evolución. En el caso de Sócrates, mi padre quiso reconocer sus enseñanzas en Grecia, y a otro hermano lo llamó Asdrúbal para reconocer el liderazgo de Cartago, hoy Túnez, enfrentado contra el imperio de Roma.

Mi padre me hablaba de eso cuando yo era un niño. Me enseñó poesía. Un poema, por ejemplo, que se llama Estudia, en una estrofa dice así: “Estudia y no serás cuando crecido, ni el juguete vulgar de las pasiones, ni el esclavo servil de los tiranos”. Esa norma que recibí a los ocho años de edad, hace ya setenta años, sigue marcando mi vida intelectual y mi vida docente de hoy.

¡Por esa vía llegué a la filosofía y a la historia!

En la escuela, desde muy niño, tuve cercanía con el coro de la escuela, con el grupo de danza, con el equipo deportivo y más adelante con el centro cultural y con la poesía, y pude desarrollar el gusto por la literatura, por el teatro sobre todo, y el comienzo de la actuación.

A los seis años mi padre me dijo, ponte de pie y repite esa poesía. Él vio que yo podía memorizarla sin haber ido todavía a la escuela. Desde entonces el uso de la palabra, la palabra hablada, para mí fue muy cercana. En la iglesia participaba en los ritos, en los campamentos de jóvenes, en el coro, en el grupo de teatro, en el centro cultural, siempre usé la palabra.

Pablo Sanz con Beethoven Herrera, en Bogotà, noviembre 2025.

Hoy creo que comencé a escribir muy tarde. De hecho, mis libros sobre Banca, regulación, sobre crisis financieras, y el libro sobre

, los he escrito después de mi jubilación. Un consejo respetuoso para los jóvenes es que hay que escribir cuando se está joven, y hay inquietudes, deseo de innovación, rebeldía y crítica. Claro, escribir a la avanzada edad es cuando se tiene la experiencia que permite encontrar las preguntas fundamentales y ser más escéptico ante los dogmas. Así llegué a la filosofía y a la historia: comencé estudiando primero Filosofía en un seminario religioso católico, y pude hacer el recorrido desde los griegos y la escolástica, hasta Kant y Hegel.

Por desgracia, en esa enseñanza había una desviación y era que se leían comentaristas, más que los textos de los autores. Entonces, leer un resumen de “El mito de la caverna” o los Diálogos de Platón, no es igual a conocer el texto directo de los autores. Eso no lo hice al comienzo, después sí pude leer a Kant en sus textos originales y llegar a algunas lecciones fundamentales.

Me impactó muchísimo el planteamiento de Kant sobre en “imperativo categórico” en su Crítica de la razón práctica y ello me llevó a entender que uno no debe actuar bien porque lo ordene una institución y mucho menos para obtener un premio, sino porque, “de modo que tu conducta pueda ser elevada a norma universal”, como un mandamiento racional. !Eso marcó muchísimo mi vida!

En esa época de filosofía, leí mucha escolástica, pero hubo unas lecturas que me deslumbraron. Una fue la de Erasmo de Rotterdam, El elogio de la locura, con la crítica al convencionalismo, y otra fue Así hablaba Zaratustra, de Federico Nietzsche.

El Líbano (en el Tolima), donde tuve la fortuna de nacer, era un pueblo de ideas progresistas y allí creció mi padre, quien era escéptico, agnóstico, pero una tía era religiosa y me llevaba a la iglesia. Cuando he sido distinguido, ahora adulto jubilado como profesor, he dicho que mi influencia fundamental fue de mi padre. Pero mi hermano me dice que no, que mi relación social con los trabajadores, con los jóvenes y con la educación, está más inspirada en la influencia religiosa de mi tía. ¡Yo creo, finalmente, como ocurre siempre, que ambos valores influyeron mucho en mi vida!

Pero la crítica de Erasmo de Rotterdam, la crítica de Nietzsche, también las de Camus, en El extranjero y las lecturas de Sartre, me llevaron a un escepticismo sobre los dogmas y así terminé mis estudios filosóficos. Como decía atrás, mi padre fue un apasionado por la historia, en casa había libros de historia. Mi padre me hablaba de historia, sobre todo, vehementemente, contra la Inquisición. Aquí en Bogotá hay un monumento a Giordano Bruno, donde está su discurso antes de que lo ahorcaran por defender sus teorías sobre el Universo. Lo visito con frecuencia con mis alumnos y leemos en voz alta el discurso que pronunció previamente a su muerte…

Desde joven llegué al estudio de la historia, y tuve una primera pasión por las comunidades indígenas. Estuve en Machu Picchu, en el Perú, y en Teotihuacán, en México. También en Chichen Itzá, en Yucatán, y en las comunidades colombianas del Tierradentro en el Cauca, en Colombia. Viví una temporada con indígenas en el llano colombiano, comiendo sus alimentos y alfabetizando. Hoy en día conservo vivo el respeto por sus culturas, mi dolor por su atraso y mi esperanza de que su filosofía de defensa de la naturaleza pudiéramos todos heredarla y compartirla.

Por supuesto, me tocó estudiar el Imperio Romano, la historia de Grecia, las guerras mundiales, eso me generó un escepticismo ante el poder. Viendo la historia de Nerón, de Calígula, de Stalin, o de Hitler, me fue naciendo una distancia sobre el poder, una voluntad de no ejercerlo, una decisión de nunca tener poder sobre nadie. Y me prometí que nunca me postularía a ningún cargo que conllevara poder sobre los demás. De hecho, nunca fui elegido a ningún cargo. Nunca tuve poder sobre nadie, no manejé presupuestos, ni recursos, ni impartí órdenes, pues cuando era joven estudié las desviaciones que el poder produce en las personas al llevarlos a creerse superiores.

¡Al ver a muchos mandatarios imponer su voluntad sin razón, me prometí a mí mismo que nunca ejercería el poder, y que solo usaría la fuerza de la palabra, el poder del ejemplo, el testimonio de los valores vividos, sin recurrir nunca a la violencia!

Una escena que me marcó mucho en la juventud fue un conflicto con mi hermano Lincoln, quien era un poco menor que yo. Yo estaba un día en el patio de la casa, alguien me tocó por detrás la cabeza, y yo sin saber de quien se trataba, giré y mandé un puño. Era mi hermano, que cayó sentado. Mi mano era muy fuerte y sigue siendo muy fuerte, porque cuando era niño pasé muchos años ordeñando las vacas de la casa.

Mi padre observó cómo yo había golpeado a mi hermano. Me dijo entonces: “usted es muy bravo, muy fuerte, ¿no? Ahora va a prometerme que nunca más en la vida va a emplear la fuerza bruta, sino la razón”. Yo se lo prometí y he tratado de cumplírselo. Nunca defendí el uso de la fuerza, nunca la usé, aunque sí la han aplicado contra mí. Y estoy vivo, por fortuna, pero nunca usé la fuerza y siempre traté de usar la razón en el diálogo y la palabra. ¡Y en alguna medida el ejemplo!

En conclusión, respecto de esta primera pregunta, tendría que decir que los estudios previos me permitieron llegar a estudiar la Economía con aportes fundamentales de la Historia y la Filosofía. Así pude entender que cualquier pensamiento y cualquier escuela, sólo se entiende en el contexto en el que fue desarrollado, y por supuesto que el mercantilismo corresponde al periodo colonial como el libre comercio corresponde al imperio inglés. El marxismo, por su parte, corresponde al período de explotación del capitalismo naciente…

El segundo principio que he heredado de esas escuelas es que las ideas, tal como planteó Aristóteles, se forman por la abstracción desde la realidad y se elaboran a partir de la experiencia que recibimos por los sentidos, porque no hay nada en la mente humana que no haya entrado por los sentidos. De ese modo, con la Historia pude entender qué pasaba en cada época, y con la Filosofía cómo se han forjado las ideas de cada uno de esos periodos. ¡Y así la Economía para mí tuvo mucho más sentido!

Pablo.- Si tuvieras que identificar una suerte de hilo invisible que ha unido todas las etapas de tu vida, ¿qué principio, qué convicción o qué experiencia dirías que ha guiado tu existencia? ¿En qué momento comprendiste que enseñar no es simplemente una profesión, sino una manera de estar en el mundo, de relacionarse con los demás y, quizá, de dar sentido a la propia vida?

Beethoven.- En torno a esta pregunta quisiera decir que haber sido profesor por más de medio siglo y haberlo sido en universidades religiosas, laicas, públicas y privadas, de capital y de provincia, y haber sido profesor en temas de negocios, de finanzas, de gerencia y de economía, me ha permitido una gran riqueza de contacto con diversos sectores académicos y universitarios. Yo no soy un profesor que solo dicta clase, aunque, claro que sí, imparto clase y me encanta usar el tablero y el contacto personal con los alumnos.

Pero lo que parece que he logrado al cabo de la vida es acompañar a los jóvenes, hombres y mujeres, en la construcción de su proyecto de vida, al permitirles por ejemplo que en mi clase el primer día cada quien se presente. Permitir que se expresen verbalmente, el motivarlos a leer y a entender y a criticar lo que leen, el proponerles escribir y leer lo que escriben, corregir lo que escriben y apoyarles en su proceso de mejoramiento.

Con esa participación en foros y en debates se ha formado una pléyade de políticos de todos los partidos que ejercen sus liderazgos en diferentes campos y todos reivindican haber tenido en mi clase un espacio de crecimiento personal. Eso ha sido un desarrollo de sus competencias que no es sólo la matemática, o repetir ideas ajenas, sino la capacidad propia de comunicarse verbalmente y por escrito, de conducir procesos, de enfrentar debates y proponer alternativas de mejoramiento para sus comunidades.

Por eso creo que tanto o más que las ideas que recibí en las clases o en los libros, hay elementos de formación que la vida me dio, que mis padres me dieron. Mi padre y mi madre tuvieron siete hijos y recibieron cinco sobrinos huérfanos por la violencia, de modo que éramos doce jóvenes creciendo al tiempo en una casa humilde, no pobre, porque en la casa nunca faltó el pan en la mesa. Como mi padre vendía en el mercado público, entonces llevaba a la mesa la carne, y como en la casa había vacas entonces teníamos leche, como había gallinas, consumíamos huevos. Crecimos saludables, bien alimentados aunque fuéramos muchos.

En particular yo fui el hijo que más trabajó en el cuidado de las vacas y los cerdos. Una vez una vaca me pegó una patada en la pierna, tan severa que tuve que ser intervenido quirúrgicamente por la lesión que me causó el golpe. Eso ocurrió hace setenta años, pero hoy me pregunto: ¿qué habría pasado si hubiese recibido esa patada en la cabeza? Pues no estaría aquí contando esta historia, por supuesto.

Ese primer riesgo de muerte, que por fortuna superé, me hizo entender que la vida es frágil y se puede ir en cualquier momento. ¡Por eso hay que vivirla minuto a minuto y vivirla bien y vivirla por motivos nobles!

Esa experiencia del trabajo en mi casa implicaba que nuestro padre nos despertaba a las cinco y media de la mañana, teníamos que ducharnos, tomar un café caliente y yo sentarme ante la vaca a ordeñarla a las seis de la mañana, para que a las siete de la mañana hubiera terminado la labor, prepararme y estar a las ocho de la mañana asistiendo a la escuela, tras llegar caminando dos kilómetros.

Hoy, mi vida se rige por el mismo ritmo: madrugar, trabajar siempre con disciplina, hacer las tareas. Incluso hoy dicto los cursos de la Universidad Nacional, ad honorem, sin remuneración y lo hago así por muchas razones: una muy importante es porque allí estudié y no pagué nada por ser una universidad publica. Quiero revertir a la universidad lo que recibí de ella. Lo segundo porque tengo mi pensión y además, porque hay otros profesores jóvenes que requieren su sueldo. Pero la razón más importante por lo cual lo hago así, es, sobre todo, para aplicar lo que aprendí de Emmanuel Kant, porque ¡hay cosas que hay que hacerlas, porque hay que hacerlas! Yo quiero estar activo mentalmente, vinculado socialmente y en lugar de que me paguen, casi pagaría porque me permitieran enseñar…

A mi edad estoy jubilado y hay un límite de edad para enseñar, pero no me entendería como persona sin la actividad de la enseñanza y en comunicación con los grupos humanos. De modo que aun si lo hiciese por fuera de la institución universitaria esperaría seguir vinculado a la educación en otros espacios.

Respecto al estudio, cuando comencé a ir a la escuela, fui siempre el mejor estudiante del curso, tuve una gran facilidad de relación con mis compañeros. Siempre tuve muy buena memoria, una capacidad normal de análisis y como hablaba en público desde muy niño, fui siempre el líder del curso en todas las cosas públicas: organizar excursiones, la fiesta de la madre, la celebración del día del profesor, la ceremonia de la graduación. Siempre era quien organizaba esas actividades y ello me dio una buena capacidad de comunicación con la gente, capacidad de manejar situaciones y comprender los diferentes caracteres de las personas.

Quisiera decir que acabé el pregrado de Economía en la Universidad Nacional de Colombia y de inmediato inicié mi vida de profesor. Luego prontamente hice la maestría en México a los 34 años y me dediqué a enseñar por 15 años y muy mayor ¡a los 50 años! hice mi doctorado en el Instituto de Estudios Políticos de París.¡Cuando recibí mi título doctoral ya tenía 50 años!

Pasaron 20 años más y a mi madre le diagnosticaron Alzheimer. Yo he tenido siempre una memoria bastante buena, de modo que cuando me dijeron que mi madre tenía esta enfermedad tuve cierto pánico de que yo también fuera a perder la memoria. Fui prontamente al neurólogo y le pregunté si iba a heredar esa pérdida de memoria de mi madre. El médico me respondió que ello no era seguro, pero que era una posibilidad… Entonces, le pregunte al neurólogo, que a los 70 años, ¿qué debería hacer? Y me respondió: ¡siga estudiando, siga estudiando!

Y me fui a la Universidad de Columbia, en Nueva York, con 70 años, a hacer el trabajo postdoctoral, pagando los costos de mi bolsillo, costeando los viajes a diversos países para hacer el trabajo de campo. Argentina, Chile, Mexico y Ecuador. Todo ello con los recursos de mi pensión. Así pagué en Nueva York mi alojamiento por mi cuenta. Entrevisté banqueros centrales, banqueros privados, analistas y académicos, para producir mi trabajo sobre regulación bancaria y criptomonedas. Un trabajo que no me pagó nadie, fue independiente. Yo mismo cofinancié la publicación con mis recursos, con el único criterio de proteger la salud mental y seguir estudiando para cuidar la mente.

Otra motivación para hacer el trabajo postdoctoral a tan avanzada edad fue la de tener un discurso actualizado para comunicar y poder seguir activo, en un tema de frontera como son las criptomonedas. Eso tiene un valor intrínseco tan profundo para mí que es casi como una vocación o sacerdocio cuasi religioso. Una forma de entender la docencia y compartir un conocimiento con los estudiantes, pero sobre todo propiciarles un espacio de autonomía y libertad de pensamiento.

Alguna gente me ha propuesto que haga podcasts, que haga videos cortos. Y yo me he negado con un argumento para mi irrefutable. Cuando yo hablo en un salón de clase, miro a la cara a los estudiantes y en sus ojos, en su cara, en sus gestos, en el rictus de la cara, puedo ver si están entendiendo o no, y si están de acuerdo o no. ¡Eso no lo permite un podcast! Alguien que viera el vídeo, lo que vería es un cadáver: ¡el vídeo es un cadáver de discurso!

Hace unos días en una despedida del curso, una pareja de estudiantes se acercó y me dijo uno de ellos. ¿Usted sabe, profesor, que nosotros somos pareja gracias a usted? Yo dije que no, que no sabía ni entendía qué pude hacer hecho para que ellos fueran pareja. Y uno de ellos me dijo: “fue durante la pandemia, estábamos en clase virtual y nosotros teníamos las cámaras apagadas, como acostumbra la gente. Y usted nos dijo que prendiesemos las cámaras y las prendimos. Nosotros encendimos las cámaras, nos vimos, nos gustamos, nos contactamos, nos reunimos, coincidimos, nos amamos y eso es posible gracias a que usted nos invitó a encender las cámaras”.

Por eso en mis clases virtuales invito a los estudiantes a encender las cámaras, a participar, a opinar, a intervenir, y a quien no prenda la cámara le pido que se retire y que después vea la clase grabada. Hay algunos que pueden decir que “tiene una falla en la conectividad”. Claro que hay casos atípicos, pero la conducta habitual que pasa en muchas juntas directivas, en diversas reuniones y asambleas, es que la gente se conecta y se dedica a hacer otra cosa y eso no es comunicación. Yo procuro que el estudiante esté concentrado, que pueda expresarse libremente, que esté escuchando con atención, que pueda participar si lo desea. ¡Hasta donde lo quiera hacer libremente!

Pablo.- Ahora prosigamos con tu visión de la Economía. El paradigma de la globalización sin trabas, que dominó desde los años noventa hasta la crisis financiera de 2008 y la pandemia, se encuentra hoy fragmentado por un neoproteccionismo, la confrontación geopolítica y la relocalización de cadenas de suministro (el llamado nearshoring). Asistimos a una reconfiguración radical del comercio internacional, caracterizada por la imposición unilateral de aranceles punitivos y la balcanización del mercado global por parte de un hegemón en graves problemas. Desde tu perspectiva, Beethoven, ¿estamos presenciando la muerte definitiva del orden mundial nacido tras la Segunda Guerra Mundial, o nos dirigimos hacia una regionalización fragmentada y altamente conflictiva?

Beethoven.- Quisiera comentar que por muchos años he trabajado en los cursos de Pensamiento Económico o de Historia Económica. Cuando comencé esa labor me encontré que los profesores que la dictaban utilizaban textos que estaban escritos con un criterio enciclopédico: se enseñaba diciendo “Hume dijo esto” y “Smith dijo aquello” y “David Ricardo dijo lo demás”. Eso parecía una enciclopedia de ideas consecutivas.

Cuando estudié Historia entendí claramente que cada idea y cada escuela de pensamiento se corresponde con una época determinada y se explica como el esfuerzo de responder problemas que esa época tuvo. Los mercantilistas se corresponden con el comercio de la época colonial, y así se entiende que hayan aparecido la banca y los cheques. Asimismo se explica el origen de la teoría del dinero. La ecuación del dinero, que tiene cinco siglos y que se aplica hoy, es originario de los mercantilistas, de Hume y Cantillon. En ese mismo contexto se desarrolló el comercio internacional, se diseñó la balanza de pagos como registro de transacciones de un país. Y aunque los clásicos miraban a los mercantilistas con desprecio, como una práctica empírica y una política sin sustento teórico, han tenido vigencia por cinco siglos de historia económica.

Hoy cualquiera entiende que las políticas del Presidente Trump, de Estados Unidos, de imponer unilateralmente aranceles, son mercantilistas. Los pensadores clásicos desarrollaron sus ideas sobre el valor del trabajo y la distribución de la riqueza y ello se corresponde con un periodo de auge del mercado, surgimiento de la manufactura y aparición de las fábricas.

Y cuando llegó la crisis de 1929, toda la actividad económica se paralizó, hubo gente viviendo bajo los puentes y hasta banqueros que se suicidaron por la parálisis de la Bolsa de Valores. En ese contexto cabe concluir y no se requiere muchísimo análisis para concluir que el mercado no es perfecto. Si funcionara bien no habría habido esa crisis.

En ese contexto apareció la obra de Keynes, con su explicación de la crisis como la expresión del hecho de que la gente ahorre y no gaste todo su ingreso. Si la gente no gasta todo su ingreso, no se puede vender toda la producción, como pretendían los clásicos.

Hoy conocemos a autores neoliberales como Friedman que plantean que la solución keynesiana de emitir dinero sin respaldo para financiar obras públicas no es buena, genera deficit fiscal e inflación. Friedman sostiene además que la recuperación de la economía americana después de la Segunda Guerra Mundial no se explica por las políticas keynesianas de construir obras públicas sino porque la industria de guerra ocupó masivamente fuerza de trabajo, movilizó recursos materiales (acero, carbón, caucho, plástico, vidrio, etc.).

Yo percibo, por tanto, un problema muy grave en la enseñanza de economía, y es que, en lugar de ciencia, algunos colegas, algunos míos, lo ejercen como una religión. Algún economista se declara austríaco y solo lee a Hayek y a Rothbard, y pretende que las respuestas a todos los problemas están en esa escuela y que no hace falta un enfoque alternativo. Igual cosa ocurre con algunos marxistas, que creen que Marx sigue estando vigente de un extremo a otro en todos sus planteamientos, aunque haya hablado poco del comercio mundial, por ejemplo.

Por eso, en mis cursos de pensamiento, en mi propia gestión, cuando escribo o hablo, incorporo aportes de los institucionalistas, como Douglas North, del trabajo reciente de Tomás Piketty sobre la desigualdad, en su obra Capital del siglo XXI, que tuve el honor de presentar en Colombia, con el Fondo de Cultura de Colombia y de México.

También estudiamos los trabajos de Elinor Ostrom sobre la economía de los comunes, o del Nobel francés Jean Tirole sobre los bienes públicos. Así llegamos hasta los aportes recientes de Mariana Mazzucato en torno a la misión del Estado, que no solamente corrige fallas de mercado, sino que propone emprendimientos estratégicos junto con la empresa privada, como plantea en su libro Estado Emprendedor.

De todo ese acervo de pensadores, hay cosas que a uno le impactan profundamente. Por ejemplo, que Smith planteara que el valor lo produce el trabajo, y que Marx dedujera a partir de allí que el trabajador no recibe todo lo que produce, a lo que llamó plusvalía. O que Smith planteara que la distribución sea entre el salario del trabajador, la ganancia del empresario y la renta del latifundista, y en cambio Ricardo conceptuara que no era así, porque si bien es cierto que se paga primero el salario, lo segundo debe ser la renta del suelo, antes de obtener la ganancia del capitalista. Así, se llega a la compression de que la ganancia es un residuo, porque si no se paga antes la renta del suelo al capitalista agrícola, a éste le quitan la tierra en arriendo o le embargan los tractores. Fue una crítica muy lúcida de Ricardo a Smith.

Otros autores han mostrado el papel de las instituciones, como North. Y otros demuestran que la desigualdad ha reaparecido y se ha fortalecido con la globalización, como lo muestra Thomas Piketty. Mariana Mazzucato ha demostrado que el Estado puede incentivar desarrollos de investigación a largo plazo. Y hay autores modernos que han tomado en cuenta los aportes psicológicos para explicar la conducta de actores económicos. ¡Como lo hace Thaler!

Y otra teoría que me ha impresionado en la parte final de mi docencia, es el discurso de Amartya Sen, el economista indio, al recibir el premio Nobel de Economía. Allí dijo que la gente piensa que el desempleo es un problema económico, pues si no se trabaja no se recibe ingreso y entonces no hay consumo. Y Amartya Sen hace entonces una pregunta demoledora. ¿Por qué los nórdicos, noruegos, suecos, daneses, que tienen subsidio de desempleo, se suicidan? Si fuera por plata, la tienen. Tienen un sueldo sin trabajar y se suicidan.

¡Entonces no es cierto que lo central sea el ingreso económico, porque lo tienen y se suicidan! Y concluye algo luminoso, y es que la condición normal de la vida humana es ser productivo, no es ser dependiente ni parasitario. Transformando el trigo en pan, la madera en mueble, la cebada en cerveza y el metal en herramienta es cómo se desarrollan el cuerpo y la mente.

Sen, además, dice más cosas luminosas. Para quien trabaja, el tiempo corre, hay que cumplir un horario de trabajo, hay que llegar a tiempo al trabajo. Te sancionan por retraso y te pagan horas extras. Cuando se trabaja se interactúa con las personas. Uno establece vínculos más estrechos con unos colegas que con otros. Y la conclusión más sabia de ese discurso es que la persona dignifica su existencia produciendo el pan que se va a comer, y no es igual si lo recibe como un parásito que espera que el Estado se lo entregue.

Ello coincide con el hecho de que los gobiernos que han establecido subsidios generalizados y permanentes, no solo han quebrado la producción de los microempresarios, sino que han vuelto a la gente dependiente. ¡Ninguna economía puede entregar subsidios indefinidamente! Ese pensamiento de Amartya Sen me ha conmovido altamente en mis últimos años.

Pablo.- En tu obra Globalización financiera: banca, regulación y crisis (Externado, 2017) -que me regalaste la primera vez que nos conocimos en Colombia- estudias, entre muchas otras cosas, la recurrencia de crisis financieras globales (desde la gran recesión de 2008 hasta los choques inflacionarios recientes). Planteas la necesidad de examinar y cuestionar si las herramientas tradicionales de la macroeconomía siguen ofreciendo respuestas eficaces. Ciertamente, las crisis ya no son meros ciclos de ajuste, sino fenómenos sistémicos y recurrentes que incluyen deuda soberana, especulación y desequilibrios monetarios. En tu opinión, ¿han agotado los bancos centrales y los organismos multilaterales sus herramientas convencionales para la gestión de los ciclos, o hace falta un nuevo diseño institucional a escala global para prevenir el colapso de la estabilidad macroeconómica?

Beethoven.- En los años 90 fue común escuchar tesis como la de Francis Fukuyama, quien decía que estábamos ante el fin de la historia, marcado por la victoria del mercado capitalista y la democracia liberal con el fin del modelo colectivista soviético. Frente a ello se levantó la obra de Samuel Huntington, acerca de la lucha de las civilizaciones, pero no se le hizo mucho caso. Por un cuarto de siglo todo el mundo repitió que estábamos en un mundo globalizado, y entonces tocaba quitar los aranceles y abrirse a las transnacionales: abrir el comercio y permitir las inversiones sin control.

En otra dimension, había procesos como el de la Unión Europea que viniendo desde la asociación del carbón y el acero de hace más de medio siglo después de la guerra, avanzó a la libertad migratoria bajo el acuerdo de Schengen, y llegó hasta la Unión Monetaria (muy criticada por Stiglitz y por Krugman, pero que subsiste). La Comunidad Europea se mantiene como un proyecto de soberanía, que se expresa en un avión, el Airbus, hecho en común por cuatro países. Tambien se expresa en el hecho de que De Gaulle le pidiera a Nixon que le entregara el oro que tenía Francia en Estados Unidos y también se expresa hoy en todo el esfuerzo para crear y sostener el euro.

La Unión Europea consiste en una estructura de derechos colectivos que ha permitido sancionar a multinacionales como Google, por evadir el pago de impuestos y que ha incorporado una serie de estándares laborales y ambientales. Hay quienes creen que es suicida hacer eso, porque si Europa defiende el Estado de Bienestar, y las vacaciones remuneradas, mientras China trabaja a ritmos más intensos, ello va a conducir a que Europa quede en desventaja frente a la competencia china. Así parece ocurrir en la producción de carros y de baterías, de paneles solares. ¡Esa pregunta está abierta!

Quiero referirme también al hecho de que en la conferencia de Bretton Woods de 1944 en New Hampshire, se discutió el tema comercial, el tema monetario, la inyección de liquidez a los países para la reconstrucción después de la guerra. Allí se decidió crear el Fondo Monetario Internacional, en contra de la propuesta de Keynes de crear una Cámara de Compensación Internacional. Y allí mismo se adoptó el dólar propuesto por White (quien a propósito era espía de la Unión Soviética). Se adoptó el dólar con el argumento que estaba respaldado por oro y no la moneda internacional llamada Bancor, propuesta por Keynes, que por cierto se parece mucho a los Derechos Especiales de Giro (DEG) o al Euro.

Pero cuando se discutió el tema de Alemania, representantes como White decían que Alemania debía ser agrarizada y vetada en la reconstrucción de su industria para evitar que hicieran nuevas guerras. Ya había hecho la guerra franco-prusiana con Bismarck, la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra Mundial, y nadie podía asegurar que no haría una Cuarta Guerra. Por ello, la propuesta de White, apoyada por su jefe Morgenthau, era que Alemania fuera impedida de desarrollar la industria. Ante esa idea tan extrema, Cordel Hull, el secretario de Estado, opinó que sería absurdo dejar a Alemania occidental capitalista como un país agrícola, mientras que la otra Alemania, la oriental, liderada por la Unión Soviética, se modernizaba. Ello generaría un desbalance en favor de la Alemania oriental que absorbería a la Alemania occidental atrasada. Esa es la razón por la que decidieron desarrollar a la Alemania occidental, con el plan Marshall. Pero un desarrollo controlado: tendría industria, sí, pero no producción de armamento. De hecho, hasta hoy Alemania depende de la defensa de la OTAN y tiene soldados estadounidenses en su territorio.

En cambio, cuando se discutió el tema del comercio, hubo una cosa muy curiosa. Keynes, que era inglés, proponía unas preferencias comerciales bilaterales entre cada país con el otro, no todos con todos. Eso era para proteger las preferencias de la Commonwealth en torno a Inglaterra. Esa idea no podía compartirla Estados Unidos, que no tenía colonias y quería comerciar con todos. Se aprobó entonces que las preferencias comerciales fueran multilaterales, de todos con todos.

Así nació la cláusula “Nación más favorecida” que significa trato igual: las preferencias o ventajas que se otorguen a un país deben ser extendidas a todo el sistema, pero en la práctica eso no ocurre. Si México negocia un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, tiene unas preferencias que no cubren a Colombia. Toca negociar otro TLC individual de Colombia con Estados Unidos, por ejemplo. De modo que, paradójicamente, se aprobó que fuera un sistema multilateral, aunque opere de modo bilateral en la práctica.

¿Por qué es relevante esto? Porque no se creó en Bretton Woods un ente destinado a la regulación comercial. Se creó un Fondo Monetario, se creó un Banco Mundial, se adoptó el dólar como moneda de reserva, pero faltó la institución comercial. En La Habana, en 1947, se reunió la conferencia de comercio y se diseña la Organización Internacional de Comercio, OIC, (en inglés, ITO), que debía ser ratificada por los gobiernos. Cuando se sometió el acuerdo de La Habana a la aprobación del Senado de los Estados Unidos, se percataron que un país pequeño podía demandar a un país grande y ganarle la demanda en esa entidad. Algo que comportaba un riesgo alto para los grandes: el tratado nunca se ratificó y la OIC nunca existió.

Nació entonces en 1948 en Ginebra el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), dedicado a la reducción de aranceles al comercio, y en 1994 en Marrakesh, se crea la OMC, a la cual China ingresó en el 2001. Es curioso mostrar cómo esa entidad se creó, igual que la ONU, para proteger la hegemonía norteamericana, sin embargo, desde hace 10 años, desde el pasado mandato de Trump, Estados Unidos ha bloqueado la organización, negándose a nombrar los árbitros del órgano de apelación. La OMC se ha quedado sin órgano de arbitraje.

¡China, que entró de última, hoy defiende que la OMC funcione! Y Estados Unidos, que se ha ido de la OMS y se ha ido de la UNESCO, mantiene la OMC paralizada, sin dejarla funcionar.

La crisis de la OMC, junto con la ineficiencia de la ONU frente a conflictos como los de Ucrania y Gaza, están mostrando que el sistema multilateral heredado en la segunda posguerra mundial, no está en crisis, sino que está desapareciendo, está anulado. Y está siendo reemplazado por un archipiélago de potencias regionales con su correspondiente entorno.

China conduce el proceso en el Pacífico. Han surgido el grupo de los BRICS, y Estados Unidos se refugia en América. Hace que Panamá cancele los contratos de los puertos entregados por contrato público a la empresa Hutchinson de Hong Kong. Igualmente, critica el puerto de Chancay construido por China en Perú y le retira la visa al ingeniero chileno que diseñó un proyecto de cable submarino para enviar datos desde Chile hacia Shanghái.

Estamos en una guerra comercial abierta, con ruptura de acuerdos y la conformación de bloques de entornos regionales con una potencia líder. Es muy sorprendente que Estados Unidos esté dejando de cumplir los TLC. Un TLC es un tratado internacional, que fue negociado por los gobiernos y ratificado en los congresos de cada país miembro. Está aplicando aranceles adicionales a los de los tratados. La justicia estadounidense ha dicho que eso es ilegal y que las facultades que el presidente Trump utilizó para esa medida no lo autorizan para hacerlo, y obligó a suspender esa política de aranceles. El gobierno de Estados Unidos ha intentado buscar otras vías, como argumentar, que los países que infringen derechos laborales (trabajo infantil, por ejemplo) no puedan exportar a Estados Unidos.

En suma, la globalización se ha detenido, y lo que está en curso son acuerdos de otra índole, por ejemplo, el sistema transfronterizo de pagos (Cross–Border International Payment System, CIPS), aplicado por los BRICS para saltarse los bloqueos de Europa a las cuentas de Rusia tras la invasión a Ucrania.

Estamos observando pues una fragmentación profunda que cada vez se intensifica más y no parece tener una solución pronta, con conflictos como el de Irán y los cierres de las estaciones de Hormuz y el estrecho de Bab-el-Mandeb.

Pablo.- En tu libro antes mencionado dedicadas un contenido amplio a la historia bancaria y financiera contemporánea de Colombia, con un análisis pormenorizado de sus crisis. En otra de tus recientes obras, The Evolution of Banking and the Challenge for Regulations (Asobancaria, 2024), que también tuve el honor de recibir como regalo tuyo en nuestro último encuentro en Bogotá (por cierto, en una agradable cena en el Hotel de la Ópera junto con un nutrido grupo de antiguos alumnos tuyos de diferentes generaciones) abordas cómo la irrupción del blockchain, las fintech, la inteligencia artificial y las criptomonedas están desafiando los pilares del sistema financiero tradicional. ¿Cuáles son en tu opinión los riesgos reales que la desregulación representa para la estabilidad financiera, y cómo pueden los reguladores proteger al ciudadano sin asfixiar el progreso técnico?

Beethoven.- El libro Banca, Regulación y Crisis, publicado por la Universidad Externado de Colombia, en 2017, al que hiciste referencia en la anterior pregunta, implicó casi 40 años de estudio y tiene varias características. Primero, aborda el estudio de las crisis sistémicas macroeconómicas severas que ha vivido Colombia y que, extrañamente, nadie las menciona. ¡No es políticamente correcto mencionarlas! Y eso es muy notable, porque entonces la economía no sería una ciencia independiente, la docencia no sería una enseñanza abierta y la prensa económica no sería un espacio de crítica, sino la expresión de los consensos dominantes.

Voy a dar un ejemplo: un banquero colombiano tenía hace 50 años tal dominio que su banco era el banco más grande del país. Ese banquero era primo del presidente de la República y tuvo como empleados a otros dos presidentes de la República de Colombia. Utilizó los ahorros de los clientes para hacer banca de inversión a su nombre. Compraba acciones en la Bolsa de Valores adquiriendo empresas para él con plata de los ahorradores. Es la conocida figura llamada “autopréstamos”, que es abusiva e ilegal. Pero en esa época no existía la figura jurídica para condenarlo.

El gobierno intervino el banco y el banquero se escapó del país. Luego regresó, pasó un breve tiempo en la cárcel y murió. Pero el esquema financiero significaba que el ahorro colectivo estaba siendo utilizado para beneficio de una empresa particular llamada Grupo Grancolombiano, propietario del Banco de Colombia, del banquero Jaime Michelsen Uribe. ¡Nadie menciona eso hoy en algún curso de Historia Económica de este país!

Luego apareció un sistema llamado UPAC, que significa Unidad de Poder Adquisitivo Constante. Funcionaba de modo tal que el ahorrador depositaba su ahorro y se le indexaba, o se le corregía su valor día a día de acuerdo con la inflación. Ello era siempre muy atractivo, pero más en esa época cuando la tasa de interés ofrecida por los bancos a los ahorradores era negativa, o sea que la tasa de interés que pagaban los bancos era inferior a la inflación y eso hacía que el ahorro fuera muy bajo.

Ese sistema de corrección monetaria o indexación del ahorro fue copiado de Brasil y se aplicó a la financiación de la construcción de vivienda, con argumentos muy válidos. Un argumento era que la vivienda usa ladrillos, cementos, vidrio, asfalto, madera, plástico, y por ello, era un impulsor de desarrollo de diversos sectores. De otra parte, esos insumos, todos, eran de producción nacional, de modo que no tocaba importarlos, en un momento en que no había divisas abundantes, como ocurre en la actualidad. Además la construcción es una actividad intensiva en el trabajo y sobre todo no calificado.

Esas fueron razones muy poderosas para que la vivienda fuera un sector líder, como lo llamaba su diseñador, el economista canadiense Lauchlin Currie. El problema radica en que para que al ahorrador se le pudiera pagar un interés indexado a sus ahorros, era necesario que el deudor también aumentara su cuota, porque el interés al ahorrador se corregía con la inflación y entonces la cuota del deudor también se corregía con la inflación. Eso hacía que las cuotas del deudor subieran todos los días, pero ocurría que ese deudor era un asalariado, cuyo salario sólo sube anualmente.

La pregunta obvia es: ¿podía el deudor aumentar la cuota mensualmente si su incremento salarial ocurría a final del año? Es una trampa que no tuvo solución.

La segunda pregunta es: si el salario del trabajador subía por debajo de la inflación, pero su cuota sube con la inflación. ¿Podía un trabajador que ganaba un salario incrementado por debajo de la inflación pagar una cuota que subía con la inflación? Además, si se producía retraso en el pago de intereses, estos se capitalizaban y el capital adeudado se incrementaba.

El efecto fue una ‘bola de nieve’. La gente acabó pagando la vivienda varias veces. El efecto macroeconómico fue que si se indexa el ahorro, todo se indexa. Los pasajes aéreos, los arriendos, todo tiende a corregirse. Entonces, en lugar de frenar la inflación, como diría un teórico, “la economía se acostaba a dormir con la inflación”. El modelo no frenaba, sino que reproducía y amplificaba la inflación. Ese modelo estuvo vigente desde el año 1973 hasta el año 1999, un cuarto de siglo. Sus defensores dicen que fue muy bueno porque generó vivienda y utilizó insumo nacionales y generó empleo.

Cuando se creó el sistema, había una inflación alta y como la corrección monetaria estaba vinculada con la inflación, al ahorrador le llegaba un buen incremento en su ahorro. Pero la inflación comenzó a bajar y hoy está en 6,5% annual, en tanto que la tasa para los Depósitos a Término Fijo (DTF) pagadas por los bancos ha ido subiendo.

La pregunta obvia es, si la tasa bancaria va subiendo y la corrección del UPAC por la inflación va bajando, ¿hacia donde irá el ahorro? Esa tendencia amenazaba con marchitar el sistema UPAC, y para evitarlo decidieron vincular el UPAC a una porción del DTF, y así se hizo en varios momentos, incrementando la tasa de interés del UPAC con partes de la tasa DTF, hasta llegar a una tasa de interés impagable.

En el año 1997 llegó la crisis asiática, que afectó a Tailandia, Malasia, Indonesia, Corea, Japón, Rusia y también a Brasil. En esa época el Banco de la República, el banco central colombiano, utilizaba el sistema de banda de flotación, que se llama “flotación sucia”: si el tipo de cambio subía al techo de la banda, el Banco Central vendía divisas para impulsar el tipo de cambio hacia abajo, y si el tipo de cambio estaba muy bajo, el Banco de la República compraba divisas para hacerlo reaccionar.

Muchas veces el Banco de la República intervino el mercado de divisas, no porque hubiera un problema económico, sino por crisis políticas. En el proceso 8.000, un presidente de la República fue acusado de haber recibido financiamiento del narcotráfico. Entonces la tasa de referencia del Banco Central subió a 40-50% para evitar la fuga de capitales y con esas tasas, las deudas son impagables, y el sistema se colapsó.

Cuando la Corte Constitucional emitió la sentencia en medio de la crisis del sistema UPAC, sostuvo que el derecho a la vivienda era un derecho fundamental y afirmó que un sistema que no garantiza eso, es inconstitucional: ¡Si la gente pierde la vivienda, el sistema que permite eso es un sistema inconstitucional! Y lo eliminó en septiembre del año 1999.

Otro caso olvidado aunque más reciente. En 2012, hace apenas 14 años, colapsó una entidad llamada Interbolsa, la primera operadora de bolsa del país, tan poderosa que era encargada de manejar los títulos del Estado, llamados TES. Para poder hacerlo requería un permiso del Estado y para conseguirlo requería un capital propio muy alto y no lo tenía. Entonces tomó plata de los ahorradores, y lo usó como respaldo para conseguir el privilegio de ser el creador de mercado de los títulos del Estado.

Además Interbolsa se dedicó a tomar plata de los inversionistas, y a hacer inversiones en bolsa, en activos, a nombre de los corredores de bolsa, como el señor Corridori, un italiano. Al final, la estafa fue por unos 600 mil millones de pesos, la entidad se liquidó, sus directivos fueron brevemente a la cárcel pero ahora están todos libres. ¡Y nadie está condenado!Mas aún, han demandado al Estado argumentando que “el Estado es culpable de haberles permitido hacer lo que hicieron”. Total impunidad…

Por eso he estudiado las crisis financieras de Colombia. Para hacer visible aquello de lo que nadie habla y mostrar que las autoridades en ocasiones tomaron decisiones no racionales, en otros casos hubo abuso evidente del ahorro de la población, y sobre todo, que hay diseños de política macroeconómica, como el sistema de vivienda, con cuotas indexadas, que terminó negando la vivienda.

Pablo.- Hablemos ahora un poco del contexto regional. Iberoamérica continúa atrapada en trampas estructurales como la baja productividad, la alta informalidad laboral, el extractivismo de materias primas y la polarización política, a pesar de sus inmensas riquezas naturales y humanas. Tras décadas de aplicar diversas recetas -desde la sustitución de importaciones hasta el Consenso de Washington y el posterior auge del boom de commodities– la región sigue aquejada por un estancamiento crónico de la productividad y una profunda desigualdad. Para un público europeo vendría bien, Beethoven, que nos pudieras dar algunas claves sucintas para tener una mejor comprensión de esta situación. ¿En qué consistió la falla de diseño del modelo de desarrollo regional y por qué está costando tanto construir un aparato productivo diversificado y sostenible?

Beethoven.- Cuando uno mira a Asia y encuentra países tan pequeños como Singapur, que son una potencia de competitividad, con un gran aeropuerto y un buen puerto, encuentra que se pueden aplicar estrategias exitosas en países que han sido dependientes, inclusive coloniales, como era Singapur. Pero también los logros de Corea del Sur, inclusive Japón después de la guerra, son notables. Y habría que preguntarse la razón de esos logros.

En primer lugar, hay que decir que la apuesta por la educación que esos países hicieron fue fundamental y en América Latina eso no ha ocurrido así. Singapur adoptó el idioma inglés como lengua oficial. Eso ayudó mucho en los negocios, adoptó el código penal británico, y como lo han confesado los inversionistas, ello facilitó los negocios. Además Singapur se mantuvo neutral en la Guerra Fría, en los conflictos entre Rusia, China, Estados Unidos y Vietnam. Y esto protegió su país.

Hoy habría que decir que la apuesta por la educación sigue siendo necesaria y América Latina no lo ha hecho, seguimos muy rezagados en las pruebas PISA internacionales.

En segundo lugar, la creencia de que unirse a una potencia nos asegura un futuro luminoso ha demostrado ser inconveniente. Las potencias usan nuestro comercio o exigen espacios para sus inversiones mientras obtengan rendimientos. Cuando tuvo lugar la crisis asiática, Malasia aplicó un control de capitales que en Colombia había existido hasta hace un cuarto de siglo, pero hoy en día cualquiera que sugiera ese control es descalificado.

Se acusa, por ejemplo, a China de que practica una manipulación del tipo de cambio y se propone que el tipo de cambio sea flotante, confiado al mercado. China tiene control de capitales, influye en el tipo de cambio, dirige la estrategia económica y es exitoso.

Cuando uno escucha a cualquier pensador inglés, norteamericano, latinoamericano, europeo, parece como un dogma no discutible que el libre mercado funciona, que el mercado debe mantenerse y que no debe haber subsidios a los precios. Claro que en China, donde el Estado dirige el proceso productivo, han habido desfases, como la quiebra de Evergrande y la intervención de Alibaba. Pero el nivel del desarrollo tecnológico de China y su Nueva Ruta la Seda no se entenderían si se hubiera dejado todo a las decisiónes de empresas privadas.

De hecho, hace unos años se puso de moda el tema de los denominados ‘tigres asiáticos’ y entonces se invitó a personas de Corea y de Japón y de Singapur a explicar sus procesos. Pero cuando decían que en Corea hubo reforma agraria hecha por los japoneses y que la banca que impulsó el desarrollo era pública, los dirigentes de America Latina se mostraron escépticos. Entre nosotros, siguen habiendo muchos dogmas: que no va a haber reforma agraria, que no va a haber Estado interventor-planificador y que no va a haber controles de capitales. Esos dogmas se mantienen y quizá por ello se mantiene el atraso.

En todos los países asiáticos existen políticas de Estado muy fuertes, con crédito orientado al desarrollo, que entre nosotros no se puede ni plantear. ¡En cambio seguimos marchando en una lógica dependiente que no ha logrado producir un desarrollo incluyente ni sostenible!

Colombia ya cerró la empresa de textiles Coltejer que tenía un siglo de existencia. Ya cerró la empresa de papel Propal, que tenía más de cuatro décadas de existencia. Y también se cerró la fábrica de tabaco, Coltabaco, comprada por Phillip Morris. Además, se cerró la empresa automotriz de General Motors que producía en Colombia los carros Chevrolet de Estados Unidos. Hace veinte años se había ido la empresa japonesa Mazda, ensambladora de vehículos.

El cierre de esas empresas muestra un proceso severísimo de desindustrialización y retorno a las actividades primarias, mineras, por ejemplo. Colombia produce níquel, petróleo, carbón y gas y está orientada a actividades primarias. Más grave aún, porque exportamos cacao y compramos las chocolatinas procesadas en Europa. Exportamos las esmeraldas sin tallar y nos las devuelven talladas desde Japón. Nuestro oro no se diseña acá, sino que se exporta. De modo que esa falta de transformación de los productos no genera un valor agregado y ese modelo se mantiene, pero no garantiza el desarrollo ni la modernización ni tampoco la equidad.

Pablo.- Y sin embargo, Beethoven, en un mundo en el que se están consolidando grandes bloques continentales, Iberoamérica permanece aún bastante fragmentada y atomizada por disputas ideológicas y cortoplacistas. A pesar de los múltiples discursos e instituciones creadas (CAN, MERCOSUR, CELAC), la integración económica y comercial entre los países de la región sigue siendo alarmantemente baja en comparación con Europa o Asia. ¿Es en tu opinión aún viable el ideal de una verdadera integración económica andina e iberoamericana, o los países no tienen otra alternativa que insertarse de manera individual y subordinada en las cadenas de valor de las superpotencias?

Beethoven.- Hace poco se posesionó el nuevo presidente de la Fed de Estados Unidos, Kevin Warsh, postulado por el presidente Trump, y a pesar de la insistencia de Trump de que se bajara la tasa de interés, la FED la subió, porque en su lógica, ante la inflación que persiste, hay que subir los tipos. Esa discusión entre Trump y la Fed es la misma que tuvo en su momento en Colombia el presidente Uribe, de Centro Democrático, con el Banco de República, y el pasado presidente Gustavo Petro, con el Banco de República de Colombia.

En ambos casos ocurre que los gobiernos creen que la tasa de interés debe bajar para apoyar el desarrollo, y en cambio, los Bancos Centrales aplican un enfoque monetarista que sostiene que es prioritario controlar la inflación y que para ello la herramienta fundamental es el aumento de la tasa de interés. De otra parte, se ha consolidado la creencia de que el Banco Central debe ser autónomo para que se garantice que cumple sus funciones. 

Hay que reconocer que ha habido abusos muy grandes en el manejo de la moneda: fui testigo de excepción de la muerte del Cruzeiro y el cruzado en Brasil para dar paso al Real, de la muerte del Sol de Perú para dar paso al Inti de Alan García, y su muerte para dar paso al Nuevo Sol. Asimismo, fui testigo de la eliminación del Austral en Argentina en la época del presidente Alfonsín para llegar al Nuevo Peso. Más aún, Ecuador y Salvador abandonaron la moneda propia y han dolarizado la economía. Un caso extremo de desorden monetario fue el de Venezuela, donde después de quitarle la moneda a 12 ceros y crear el Petro Bolívar, el país no tiene moneda real. 

La mayoría de países de América Latina han vivido abusos severos con la moneda, porque gobiernos populistas pensaron que fabricar papel, billetes, era crear riqueza. ¡Pero eso solo consigue envilecer la moneda: el papel no es riqueza, es un símbolo! En América Latina son excepción los países con moneda estable como Colombia y México.

Por todo lo anterior, se ha llegado a una cierta convergencia teórica, en el sentido de que los bancos centrales tienen que ser autónomos. Hay una pregunta clave en el caso colombiano porque la Constitución dice que “habrá coordinación entre el Banco Central y la política del gobierno nacional”. ¿Cómo ocurre eso? Hay autores, como el señor Alesina, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que han propuesto que el ministro de Hacienda salga de la junta del Banco de la República de Colombia. Eso no ha ocurrido, pero hay una demanda en curso ante el Consejo de Estado, proponiendo que se elimine la norma que dice que en Colombia el quórum en la junta directiva del banco central solo se configura si está el ministro, de modo que no habría quórum sin el ministro. Aunque son siete miembros (cinco codirectores, el Gerente y el ministro) en el actual esquema, el quórum lo garantiza solo la presencia del ministro. 

Hace cuatro meses el ministro se retiró de la reunión y no fue a la rueda de prensa que hacen siempre el ministro y el gerente y ello desató una crisis. Luego la situación se compuso y el ministro asistió a la siguiente reunión,  pero la demanda está en curso y fue aceptada por el Consejo de Estado. No es improbable que el Consejo de Estado falle y que la estructura, la mecánica de funcionamiento del Banco, cambie y que, por ejemplo, pueda haber quórum sin el ministro. En ese caso se planteará otro problema: ¿cómo se produce la articulación entre el gobierno y el Banco, como manda la Constitución? 

En los centros de reflexión hay consenso en que el Banco debe ser autónomo y que si el Banco que fija la tasa de interés, decide subirla para controlar la inflación, ello es de su exclusiva competencia. Tenemos hoy en día una tasa de interés del 12.25%, con una inflación del 6.5%. ¿Se entiende por qué razón esa diferencia de tasa alta? La inflación está en 6.5%, que es el doble de la meta de inflación del 3%. 

En su trabajo titulado Más instrumentos y metas amplias para el desarrollo: Hacia el consenso post-Washington (1998), el Nobel de Economia Joseph Stiglitz dice que un país puede tener 40% de inflación, siempre y cuando ello ocurra en un contexto de crecimiento. Pero hoy en día nadie plantea una cosa como esa. En Colombia, el Banco Central fijó la meta de inflación en 3%, igual a la de Europa. ¿Alguien puede explicar por qué razón la meta fijada para Colombia es la misma fijada para Europa? 

Es imperativo cuidar la moneda, pero las potencias han abusado: Inglaterra imprimió Libras sin respaldo en la época del patrón de oro y tuvo que eliminarlo en el año 1931. Estados Unidos emitió doláres sin respaldo después de Bretton Woods para financiar la guerra contra Vietnam, y tuvo que negar la convertibilidad, por la declaratoria del presidente Nixon el 15 de agosto de 1971.

Han abusado de sus monedas muchos países de nuestra región. Y Colombia, que es un país bastante estable, ha convertido el tema monetario en un dogma monetarista, por el cual la meta es la inflación baja, la herramienta única es la tasa de interés y todo lo demás debe subordinarse a eso. Debo decir que el Banco de la República de Colombia tiene una buena opinión pública a su favor. Sin embargo, ha hecho cosas como la siguiente: defendió por muchos años que el alza salarial debería ser solamente por un porcentaje menor que el aumento de la inflación, para que todos los actores económicos se adecuaran a esa tasa fijada y ello contuviera la inflación.

En Colombia el alza de salario mínimo se negocia a final del año y si no hay acuerdo entre los empresarios y trabajadores lo fija por decreto el gobierno. Que el alza salarial fuera por debajo de la inflación, como decía el Banco de la República, lograría que se bajara la expectativa de inflación futura porque los actores acordaban un salario más bajo que la inflación. Así se hizo por veinte años hasta que la Corte Constitucional dijo que a la gente que ya perdió capacidad adquisitiva en el año corrido, no se le repone eso en el salario, tiene que reponérselo con un aumento salarial igual a la inflación causada en el año anterior. 

Así lo dictaminó la Corte Constitucional en un fallo que está en firme y que establece que el alza salarial tiene que incluir la inflación causada el año anterior más la productividad. ¡Entonces el Banco de la República no tenía la razón! Como no la tuvo en el caso del UPAC que mencioné atrás, que mantuvo el sistema a ultranza hasta producir el colapso y la pérdida de un millón de viviendas. 

La autonomía del Banco es buena si, como ocurre en la FED, tiene entre sus objetivos no sólo cuidar la moneda sino también apoyar el desarrollo y la creación de empleo.

Pablo.- ¿Cómo ves la disrupción que representan las criptomonedas, los criptofraudes y las nuevas experiencias monetarias?

Beethoven.- Estuve leyendo recientemente un texto de Hayek, llamado La desnacionalización de la moneda (Denationalization of Money, 1976). Me encontré en un segmento muy curioso en el que plantea, hace 50 años, la posibilidad de que los particulares puedan emitir moneda y usarla entre ellos si alguien la acepta.

Antiguamente las comunidades intercambiaron bienes uno a uno en forma de trueque o se usaron conchas marinas o la sal para pagar. La FED tiene su fundación en 1913, o sea, tiene 113 años. El Banco de la República de Colombia fue creado hace 103 años. Simultáneamente, fueron creados el Banco Central de Colombia, el de Guatemala, Perú y Chile, por el mismo consultor norteamericano, el señor Edwin Kemmerer. El Banco Central Europeo tiene el tiempo que tiene la Unión Monetaria Europea.

No siempre hubo bancos centrales. Es una institución posiblemente necesaria y buena, pero es muy nueva, muy joven. En torno a la emisión, en Colombia en el siglo XIX había estas realidades: bancos regionales que fabricaban billetes, bancos privados que fabricaban billetes, casas de empeño, llamadas en Colombia prenderías y en España Montes de Piedad. Estas instituciones emitían billetes, recibos, con el respaldo de las joyas que estaban ahí guardadas. 

La centralización de la emisión en Colombia ocurre en 1886 con el presidente Rafael Núñez, hace 140 años. Y el Banco de la República vigente tiene 103 años, de modo que la discusión sobre el monopolio de la emisión es muy reciente, porque no hay monopolio de la emisión sino en el último siglo. 

Hay movimientos como los anarquistas y los Punk que han defendido hace ya muchos años la lógica de que los ciudadanos puedan interactuar entre ellos de modo criptográfico sin que nadie los identifique. Y si lo hacen, ¿quién puede impedirlo?¡Si el Estado ni siquiera puede identificarlos!

Con esos antecedentes surge el trabajo de Satoshi Nakamoto proponiendo el Bitcoin. Lo lanza el mismo año en que se produjo la crisis hipotecaria de las hipotecas subprime formadas por bancos que les prestaron plata a personas sin capacidad de pago, sin empleo, sin activos y les prestaron sabiendo que no podían pagar. Luego empaquetaron las hipotecas en derivados financieros que circularon llevando a una explosión que dejó a doce millones personas sin vivienda. ¡Al final, como suele ocurrir, el Estado rescató a esos bancos con fondos públicos!

Gente que advirtió esos problemas, como Nouriel Roubini, como Raghuram Rajan del FMI, no fueron atendidos. Inclusive autores como Minsky, que lo advirtieron, nunca fueron considerados ni difundidos. Explotó la burbuja y los gobiernos de George W. Bush y de Barack Obama rescataron a los bancos privados. Y eso ocurrió porque no estar entonces en vigor la Ley Glass-Steagall, que se había promulgado en el año 1933, bajo el gobierno de Roosevelt en plena Gran Depresión, para evitar que los bancos abusaran tomando plata de los ahorradores para hacer banca de inversión. La Ley Glass-Steagall fue derogada por el presidente Bill Clinton en el año 1999 y en solo 9 años se armó y explotó la burbuja.

Después de la crisis se promulgó la Ley Dodd-Frank, con Obama, pero el gobierno del presidente Trump, en su primer periodo, se encargó de reducir los controles. Hemos asistido a la crisis de numerosos bancos regionales estadounidenses, y a graves turbulencias del Credit Suisse y Deutsche Bank, entre otros. 

En sus memorias, el presidente de la FED, Ben Bernanke, quien hizo su tesis doctoral sobre la Gran Depresión y estuvo a cargo de manejar la crisis causada por las hipotecas subprime, concluye que algunos banqueros debieron ir a prisión. Pero nadie fue preso, se pagaron sus bonificaciones por buen desempeño, ¿cuál buen desempeño? Y con la bonificación pagada por los bancos se fueron de vacaciones a la Florida. Es frente a esos abusos de la banca privada, frente a bancos centrales que emitieron moneda sin respaldo en el patrón de oro que se levanta la propuesta de Nakamoto. Es frente a esa apropiación de ahorro privado que los bancos privados han hecho de plata de la gente para sus negocios de inversión. 

Es frente a eso que surgen experiencias como las criptomonedas, que tienen un gran debate atrás, pues los Premios Nobel Krugman, Stiglitz y Acemoglu, consideran que no son moneda, pues no cumplen todas las funciones de la moneda. El Nobel Jean Tirole, por su parte, ha advertido que las stablecoins (criptomonedas estables, respaldadas por dinero fiduciario) pueden fortalecer el dominio del dólar. Y el presidente del Banco de Pagos Internacionales (BIS) ha dicho que las stablecoins van a terminar reforzando la dolarización, porque es un respaldo a la criptomoneda dado en dólares. 

Todo eso es muy nuevo, complejo, pero ya hay una norma europea, el reglamento MICA, por la cual las plataformas de intercambio deben registrarse, y no todas lo están haciendo. Por eso Binance se retiró de Europa. Entre tanto, la propuesta de un dólar digital hecha por la FED ha sido suspendida por el presidente Trump. En Estados Unidos están trabajando hacia emprendimientos privados y de hecho, gobiernos como el de Milei en Argentina o el mismo Trump, promueven criptomonedas en sus intervenciones públicas. 

La cuestión teórica es la siguiente: si alguien contabilizara el valor de una casa (160.000 dólares, por ejemplo) y sabe que el bitcóin vale 80.000 dólares, uno podría decir, en un simple cálculo aritmético, que esa casa vale 2 bitcoins. Un bitcóin vale 80.000 dólares, la casa vale 160.000 dólares, está valorada en 2 bitcoins, aunque yo no compre la casa, o aunque no tenga bitcoins. ¡En ese caso no cabe duda que se ha producido una medición de valores expresada en bitcoin! Aún si no hay compraventa…

En segundo lugar, si alguien decide vender su casa por esos 2 bitcoins, el bitcóin sirvió como medio de pago. Eso está ocurriendo. Claro que hay denuncias acerca de que las criptomonedas mayormente se utilizan para actividades ilícitas, según dicen los gobiernos. Para fundamentar la condena a Binance, la Justicia de Estados Unidos probó 100.000 transacciones ilícitas con plata de lavado de activos de narcotráfico y financiación del terrorismo. Eso dice el fallo del juez de Estados Unidos contra Binance. Pero el CEO, el jefe de Binance, Changpeng Zhao, fue retirado del cargo, se le aplicó una multa y fue preso. Posteriormente fue indultado y hoy está libre.

Por esa razón, la conclusión sería que filosóficamente nadie podrá impedir que la gente se comunique entre sí y haga emprendimientos digitales, criptográficos. Y aun si el Estado quisiera intervenirlo, no puede identificar los integrantes de ellos. En las plataformas de intercambio sí pueden darse los abusos. El Estado llega tarde, después de los abusos. Por ejemplo, para identificar a Gerald Coten, de Canadá, cuando ya había desaparecido -muerto supuestamente en India- cuando ya la gente había perdido su plata. De manera similar, en el caso de FTX, la justicia llegó después de las estafas. La pregunta obvia es: si se trata de plataformas que ofrecen servicios en línea, en público: ¿no puede la autoridad impedirlo antes?

Pablo.- Para terminar, una reflexión sobre el mundo universitario. Las facultades de Ciencias Económicas enfrentan críticas constantes por educar a los estudiantes en ciertos marcos dogmáticos, o por descuidar las ciencias humanas dentro de los currículos. Beethoven, si tuvieras la oportunidad de rediseñar los planes de estudio de las facultades de Economía y Ciencias Sociales en Hispanoamérica, ¿qué contenidos priorizarías y qué inercias del modelo pedagógico actual consideras urgente desterrar para formar profesionales con sensibilidad social y rigor analítico?

Beethoven.- Por lo dicho al inicio, una cabal comprensión de los alcances de cada una de las teorías económicas supone contextualizar su origen en el marco de la sociedad donde surgieron y de los problemas que buscaba resolver. Y por supuesto hay que tener un balance del resultado de la aplicación de cada teoría.

De otra parte es necesario superar el dogmatismo tan de moda en las escuelas de economía y tan presente en la mayoria de profesores que se proclaman seguidores de una sola escuela o de un solo pensador, y que suponen que todas las demás expresiones son erróneas o irrelevantes. La verdad es que todas y cada una de las escuelas han hecho aportes valiosos. Y es recomendable el pragmatismo para usar el gasto público frente una pandemia o un terremoto, pero se debe permitir la libre competencia de los agentes cuando se trata de proveer productos y servicios según lo indique la demanda.

Es verdad que el formalismo matemático casi ha absorbido la ciencia económica. La econometría se ha convertido en el lenguaje convencional de la profesión de economistas, al paso que la formación en historia y en aspectos jurídico-políticos se ha excluido sistemáticamente. ¡Hay que recuperarla!

Una línea de acción imperativa es el conocimiento de la realidad propia y el diseño de políticas pertinentes a fin de resolver los problemas de esa realidad, dejando atrás la tendencia que por un siglo nos ha impuesto la copia de modelos de las metrópolis, de cualquier signo.

Pablo.- Muchas gracias, Beethoven, por compartir tus reflexiones con nuestros lectores.

Pablo Sanz, prof. Beethoven, prof. Baquero (2022).

Escuchar al profesor Beethoven Herrera es adentrarse en una lección de serenidad académica y lucidez cívica. Esa suerte es la que tuve cuando un amigo en común, en plena pandemia (primavera del año 2020), me puso en contacto con él y me incorporé a un conjunto de seminarios online que mantenía con sus alumnos. Fueron unos meses trepidantes por la sucesión y aceleración de acontecimientos y transformaciones sociales, económicas y tecnológicas.

Fue apasionante tener un espacio virtual para un coloquio transatlántico donde compartir mutuamente nuestras reflexiones en compañía de sus alumnos y otros colegas, una experiencia muy valiosa. Luego tuvimos ocasión de conocernos ya en persona en Bogotá y seguir compartiendo numerosas actividades académicas, con la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Javeriana y la Sergio Arboleda.

En las reflexiones de Beethoven, cuando se dirige a sus alumnos, se percibe con claridad que la economía para él, lejos de ser un oráculo inexpugnable reservado a una élite iniciática y esotérica, es en verdad una de las bellas artes del humanismo. Una disciplina que debe encargarse de descifrar cómo organizamos los recursos del planeta para que la vida en sociedad sea justa, pacífica y digna.

En Beethoven, en su escuela, y a través de su visión ilustrada y panorámica, fraguada gracias a sus experiencias vitales y continuos viajes internacionales, no hay espacio para una fe ciega en el mercado, pero tampoco para un paternalismo estatal. Su trayectoria nos recuerda el valor inextinguible de la complejidad.

Su recorrido vital y existencial -que va desde los campos de su infancia en Tolima hasta las aulas de París y Nueva York, la investigación económica avanzada y la entrega generosa en varias universidades colombianas- demuestra que la verdadera sabiduría académica no busca deslumbrar con la jerga técnica, sino iluminar la realidad con la pedagogía de la verdad.

En una sufrida región como la iberoamericana, que busca afanosamente el rumbo hacia una prosperidad incluyente y justa, y en un mundo golpeado por la incertidumbre geopolítica, el pensamiento y obra de Beethoven Herrera actúan como una brújula imprescindible.

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